EL DESENGAÑO (Relato Breve)

 A quienes no escribo ni visito


En estas circunstancias uno comprueba que el poder es cuestión de rating. Y que el vómito de los televisores es lo que hace a la sociedad. También compruebas que las mentiras tienen más audiencia que el desengaño. Desengañarse, para nuestro caso, es descubrir lo estúpido que has sido durante mucho tiempo. Aceptarlo no es algo que resulte fácil: la gente estúpida es la que más ego tiene, la que más enfurece cuando la mentira queda desnuda, y con ella la estupidez que orienta sus vidas.

Aquí descubres que el internet es una mierda, que la realidad es otra; que un segundo de tacto es más eficaz que las miles de fotos y mensajes que has enviado y descargado para evadir tu soledad. A mi me basta una o dos cartas a la semana, y las fotos de siempre –incluida la del perro–. Esto no es resignación. Es resistencia de quien lee y quien me escribe contra el rating.

Mañana cumpliré seis meses...  Solo el vómito de los televisores me incrimina, y uno que otro encapuchado que recibe dinero por hacerlo. El desengaño ha sido claro en responder que todo es montaje, que somos miles los detenidos por predicar el desengaño. Pero la audiencia es mayor que los desengañados. Y los engañados reclaman con furia los campos de concentración que el rating tiene para nosotros: las cárceles que el poder vomita.

Alexander Escobar
alexanderinquieto@gmail.com

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