El periodismo colombiano a la luz del conflicto armado

“La misión de los medios privados es recoger elementos fragmentados de la cotidianeidad y elaborar con ellos un universo virtual de verdades aceptadas por la audiencia. Son dioses mediáticos, cuyos discursos evaden la exigencia de la argumentación y el debate". 
2013/ Julio 4/ Cuadernos de Periodistas*/ J. Marcos** /


En REMAP consideramos de vital importancia los trabajos periodísticos cuya investigación y seriedad en el manejo de las fuentes de información invitan al ejercicio del periodismo independiente y responsable, al tiempo que provocan en los lectores la necesidad de formar un criterio autónomo frente a los hechos, en este caso específico, frente a lo que ocurre en Colombia. Superar la manipulación dada a la información y la imposición ideológica de los grandes medios privados del país, requiere del desarrollo de procesos donde la sociedad colombiana pueda identificar aquello que le oprime.  Es un trabajo que demanda tanto de la creación de medios de comunicación alternativos y populares, como de la formación de un nuevo tipo de “público” que en forma autónoma busque, investigue y acuda a los datos y testimonios de la realidad colombiana que continuamente es borrada y tergiversada por los medios masivos del capital privado.

El siguiente trabajo periodístico, El periodismo colombiano a la luz del conflicto colombiano, es una invitación a lo anterior, una investigación de varios meses realizada por Jairo Marcos, donde el lector deberá analizar las fuentes (entre las que se encuentra REMAP), los testimonios y, posteriormente, continuar investigando para tener una opinión autónoma frente lo expuesto por el autor:

El periodismo colombiano a la luz del conflicto armado

Tras 60 años de guerra, la narrativa mediática de Colombia está sazonada de lágrimas propias y ajenas. Medios colombianos de diferente peso y altura debaten sobre el papel que juegan en el camino hacia la paz transformadora: nuevos y tradicionales, masivos y alternativos, confesos partidistas y objetivos. El propio presidente Juan Manuel Santos ejerció la profesión, sobre la que su antecesor en el cargo, Álvaro Uribe, afirmó que solo hay dos tipos de periodistas: los enemigos y los amigos del terrorismo.
Colombia se desangra. Lo lleva haciendo más de 60 años, en lo que se ha convertido en el conflicto armado más longevo del continente americano. El país cafetero vive momentos de tensa coyuntura. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC- EP) y el Gobierno son comensales de la misma mesa de negociación. No es la primera vez. El país entero espera que sea la última. Lo cuentan día sí y día también los medios de comunicación. Periódicos, revistas y semanarios, canales radiofónicos y televisivos, así como nuevas y veteranas plataformas de cuño digital desgranan el menú diario que se cuece en La Habana (Cuba), adonde se trasladaron en noviembre los diálogos de paz tras una primera toma de contacto en Oslo (Noruega).
La narrativa mediática está sazonada de lágrimas ajenas y propias. Porque la hemorragia colombiana arrastra  voces de informadores: 140 profesionales han perdido la vida desde 1977. El último en 2012. La muerte de Guillermo Quiroz fue el hecho más grave de un ejercicio en el que la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) registró 158 agresiones directas contra periodistas. La Fuerza Pública (compuesta por el Ejército, la Fuerza Aérea, la Fuerza Armada y la Policía Nacional) sería la responsable de 31 de los casos –de los que solo uno ha sido sancionado–, únicamente por detrás de los hechos atribuidos a los particulares (44) y por delante de los imputados a las “bacrim” (bandas criminales emergentes, 18), la insurgencia (9), los funcionarios públicos (5) y los paramilitares (4). En el resto de los casos (44), se desconoce la autoría.

Desde 1977,
140 profesionales han sido asesinados

Colombia es hoy “uno de los países más peligrosos del continente  americano para el ejercicio de la profesión”, denuncia el último informe de Reporteros Sin Fronteras (RSF)[1], que ubica este país en el puesto 129 de 179 en cuanto a la libertad de prensa. La radiografía que hace la FLIP en De las balas a los expedientes[2] ofrece el mismo diagnóstico: “Sigue siendo uno de los países más peligrosos para ejercer este oficio, especialmente en el ámbito local”. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) prolonga el dictamen: “Las amenazas se han vuelto permanentes. Desde la iniciación de los diálogos de paz en La Habana, aumentaron las acciones bélicas, lo cual genera un aumento de las situaciones de riesgo para los periodistas[3]”.
El Índice de Libertad de Expresión y Acceso a la Información Pública en Colombia[4] corrobora desde finales de 2012 estos pronósticos. La impunidad es la dimensión más preocupante de las cuatro observadas, pues permanece sin castigo el 87 % de los asesinatos a informadores registrados; las otras tres son el acceso a la información, el ambiente para la libertad de expresión y las agresiones directas. También destaca la autocensura por el miedo a la violencia, al cierre de medios y a los despidos. Y las denuncias ante la Justicia a quienes publican temas incómodos cada vez son más frecuentes, en un fenómeno conocido como “acoso judicial”: “Su objetivo no tiene que ser la condena del periodista, basta con obligarlo a tener que responder frente a los jueces y someterlo a un proceso extenso, desgastante y engorroso”, subraya la FLIP en Fuera de juicio[5].
Este retrato en crudo del periodismo colombiano languidece todavía más cuando el pie de foto especifica que es una profesión que protege la salud de toda sociedad. “La prensa es por excelencia el instrumento democrático de la libertad”, afirmaba el filósofo francés Alexis de Tocqueville. Lo corroboraba Naciones Unidas en 1946, manifestando que la libertad de información es un derecho fundamental y la piedra angular de todas las libertades. “Sin periodistas, no hay periodismo; sin periodismo, no hay democracia”, rezaba el lema de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), con motivo de la celebración del Día Mundial de la Libertad de Prensa en 2012 y en 2013.

Aún sin castigo
el 87 % de los asesinatos a informadores

El rol que juegan los medios de comunicación colombianos en el camino hacia la paz transformadora es vital. Son elementos clave en todo conflicto bélico. La información succiona o dilata la visibilidad de los actores bélicos y de las víctimas. “Son importantes porque durante décadas han dado a conocer las diferentes realidades de cada departamento. Explican cuáles son los motivos y las consecuencias de la aparición y el empoderamiento de uno u otro grupo armado en las regiones”, explica el periodista como El Tiempo Andrés Mauricio Garibello, que en estas líneas habla a título personal. Los periodistas son los historiadores del presente. Su incidencia en Colombia afecta de manera decisiva el análisis y la opinión que mantiene la sociedad frente al conflicto social y armado: los urbanitas y los campesinos pero también las comunidades indígenas, los políticos, las mujeres y los hombres de negocios, así como el movimiento social analizan la guerra a través de las notas periodísticas.
¿Se han convertido los medios de comunicación colombianos en elementos activos a favor de una salida dialogada del conflicto? ¿Cuál es su papel como constructores/destructores de la paz/ guerra? ¿Hablan de la paz de La Habana o contemplan otros tipos de paz? ¿Cómo compaginan y cómo influyen sus intereses con la cobertura del conflicto? ¿Qué fuentes consideran prioritarias a la hora de informar sobre la guerra? ¿Qué hay detrás de su decisión de apostar por un determinado lenguaje? ¿La ciudadanía está bien informada? ¿Periodismo o propaganda? Estos párrafos crecen a modo de virtual mesa de debate, con unos medios de muy diferente peso y altura poco acostumbrados a dialogar entre sí. Sus voces, presentadas en forma de diálogo a través de sus profesionales, solo se cruzan realmente en estas líneas.
Por un lado y desde diferente tendencia, los grandes medios de información en cuanto al volumen de audiencia que manejan, casos paradigmáticos como El Tiempo[6] (el diario de mayor circulación, cuyo propietario es el grupo económico liderado por el empresario,  constructor y banquero Luis Carlos Sarmiento, el hombre más rico del país según la clasificación que elabora la revista Forbes[7]), Caracol Televisión[8] (uno de los canales más populares en el país, que pertenece a una compañía propiedad de la familia Santo Domingo, apellidos que figuran en el segundo puesto de la lista Forbes[9] para Colombia) y TeleSUR[10] (la cadena de televisión panlatinoamericana con sede en Caracas, que, desde su nacimiento en 2005, fue respaldada por el fallecido Hugo Chávez para promover la integración de América Latina y ejercer de contrapeso a las grandes cadenas de noticias privadas). Por otro lado, los nuevos medios, entre los que se encuentra La Silla Vacía[11] (iniciativa informativa e interactiva que, financiada por una beca del Open Society Institute, pretende describir cómo se ejerce el poder en Colombia); sin olvidar las plataformas informativas abiertamente partidistas, como el semanario Voz[12] (el periódico de izquierda más longevo del país, editado por el Partido Comunista Colombiano). Y entre medias, asociaciones como la Remap-Valle[13] (la Red de Medios Alternativos y Populares del Valle del Cauca). De fondo, la postura de instituciones que velan por el ejercicio de la profesión: la FLIP[14] (organización sin ánimo de lucro que promueve y defiende la libertad de expresión, denunciando las violaciones a la libertad de prensa y contribuyendo a la protección de los periodistas), el Centro de Solidaridad de la Federación Internacional de Periodistas[15] (CESO-FIP, la presencia en Colombia de la mayor organización mundial de periodistas) y la Federación Colombiana de Periodistas[16] (Fecolper, que representa y ayuda a sus instituciones afiliadas en temas de formación e investigación).

El papel del periodismo en la guerra

La dilatada duración del conflicto social y armado ha generado una rutina informativa en la que periodistas y receptores acaban acostumbrados a las informaciones sobre la guerra. En la aclimatación mediática que Colombia ha hecho de la violencia se cuelan episodios que dan muestra de la complejidad que inunda el universo informativo y su incidencia directa en la intrahistoria bélica.
En el pasado mes de febrero, las FARC anunciaron la liberación de dos policías en el municipio de Pradera, anclado en el departamento suroccidental del Cauca. El Comité Internacional de Cruz Roja y el colectivo Colombianos y Colombianas por la Paz encabezaron la comisión encargada de recibirlos. Al punto de encuentro también acudieron los periodistas de TeleSUR. La entrega se petrificó por unas horas. Finalmente, el canal de televisión ofreció una cobertura en exclusiva,  lo que provocó el enfado de varios medios, que consideraron discriminatorias las preferencias hacia la cadena. No es, empero, la única versión de lo sucedido. El periodista, escritor y documentalista Jorge Enrique Botero, ahora en TeleSUR pero con una experiencia previa en Caracol Televisión, lo cuenta desde el otro lado: “La orden editorial que recibieron los periodistas de Caracol Televisión era no cubrir la entrega para no prestarse al show de las FARC, pero sí el momento en que los policías estaban ya liberados. Nuestra presencia en el lugar rompió el monopolio informativo de un episodio que terminó bastante bien. Hay un antes y un después mediático con la aparición de TeleSUR. Hace otro enfoque, con una línea editorial muy distinta a la que estábamos acostumbrados.  Es un equilibrio de fuerzas. Dentro de los medios alternativos entiendo que pueda ser visto como un poder hegemónico, como un monstruo gigantesco, pero había que jugar en las grandes ligas y se está haciendo bien”.
Fue hace tres lustros cuando un grupo de compañeros –entre ellos, Eduardo Márquez, que posteriormente presidió la Fecolper y hoy es director del CESO-FIP– crearon un colectivo para reflexionar sobre el rol de los medios de comunicación. Recuerda que la iniciativa, bautizada como Medios para la Paz, concluyó que “la prensa se había convertido en un factor que atizaba la guerra, en la mayoría de los casos no por razones ideológicas, sino movidos por ciertas rutinas profesionales entre las que destacamos la creciente comercialización de la información, el espíritu de competencia entre los medios (básicamente cuando se privatizó la televisión y entraron los grandes conglomerados) y el síndrome de la exclusiva. Decidimos montar talleres por todo el país”.
¿Cómo ha evolucionado el periodismo colombiano en esta última década?

- Carlos Lozano Guillén (director del semanario Voz): “Los aparatos ideológicos de la clase dominante fabrican las cosas y los medios alternativos tenemos que hacer la contrainformación. La prensa alternativa ha avanzado porque al principio se pensaba que la calidad no importaba, que no era necesario el rigor, que lo importante era el mensaje y había que hacerlo llegar como fuera. Hoy ya no es así”.

- Alexander Escobar (miembro de Remap-Valle): “El conflicto colombiano carece de causas y orígenes para los medios del capital. Su misión es presentar el alzamiento armado como un acontecimiento sin antecedentes. Su estrategia es la imposición de palomas blancas en mentes en blanco, una paz de vencidos y vencedores donde solo hay cabida para la rendición de los grupos insurgentes. Todo es un reality mediático, donde los fusiles de la insurgencia deben entregarse a cambio de camisetas blancas, taxis, capacitaciones para crear microempresas y algún que otro puesto en el Congreso de la República, sin que ocurran cambios en el modelo económico, político y social del país”.

- Andrés Mauricio Garibello (El Tiempo): “El Tiempo ha sido un líder responsable en el cubrimiento no solo del conflicto, sino de los intentos de paz que se han dado en las últimas décadas”.

- Juanita León (directora y fundadora de La Silla Vacía): “Nuestro papel es in- formar de la forma más desapasionada posible, pero con el mayor contexto sobre lo que ocurre, sobre las lógicas que animan el conflicto, sobre las víctimas y sobre quienes se benefician de ello”.

La paz vista por los medios

Todos los medios escriben, fotografían, radian y emiten sobre la paz. El binomio conflicto-negociación es la  estrella informativa. ¿Pero todos entienden lo mismo por la paz? Porque la paz de La Habana tiene sus matizadas réplicas en el interior de Colombia, desde iniciativas como el Congreso de los Pueblos y las Constituyentes de Paz. Los movimientos sociales, conjugados en un plural abierto, saludan  el  proceso de La Habana, aunque no se sienten representados.  “Colombia  lleva tanto tiempo buscando la paz, que se ha convertido en un valor nacional apreciado pero jamás tenido. Y en este sentido, la paz es muy sensible para todos los colombianos, que al mismo tiempo están acostumbrados a mirar los procesos de diálogo con escepticismo, porque ha sido nuestra historia durante los últimos años”, reflexiona el director de la FLIP, Ignacio Gómez.
Existen perspectivas distintas de la paz, desde quienes  la  conciben  como la afonía de las armas hasta quienes la sueñan transformadora, pasando por quienes la vinculan con el fin de las guerrillas. Las respuestas son diversas porque hay diferentes tipos de paz. En la cartilla elaborada por la Asociación para la Investigación Nomadesc, la paz negativa es la ausencia de confrontaciones armadas, la paz positiva representa la mejora de las condiciones de vida y la paz transformadora consiste en “un proceso vivo y activo que busca alterar los modelos violadores de la atención de las necesidades y del disfrute de los derechos”.
Las fronteras del discurso mediático son más difusas. “Cuando se habla de paz, desafortunadamente se hace referencia exclusiva al silenciamiento de los fusiles. Esta actitud es comprensible si tenemos en cuenta que Colombia nunca ha tenido paz durante sus dos siglos de vida republicana. Pero, desde el punto de vista de la información, esta concepción ha convertido a la paz en un problema que resuelven las elites mediante acuerdos”. Las palabras del expresidente de la Fecolper abren de nuevo el debate.
- Juanita León (La Silla Vacía): “Entendemos que el fin del conflicto armado es solo un paso necesario para la consecución de una paz más amplia, aunque el tema de la negociación es primordial”.

- Alexander Escobar (Remap-Valle): “Los medios  privados  reducen  la  paz a un simple proceso  de  dejación  de las armas  de  la insurgencia,  toda  una estrategia diseñada para ocultar la no voluntad de paz del Gobierno de Juan Manuel Santos. Exhiben la guerra como verdad, como única solución. Hasta que la sociedad queda cautiva de su influjo y, finalmente, acepta y repite el mismo discurso. Su paz es la continuidad de las causas del conflicto, pero con los fusiles de la insurgencia silenciados”.

- Andrés Mauricio Garibello (El Tiempo): “Nuestro enfoque siempre ha sido constructivo, es decir, informar y explicar sobre los avances y dificultades de un proceso de paz. Información sin vetos ni limitaciones. La atención está centrada en La Habana; sin embargo, desde siempre el periódico ha informado sobre los procesos de paz que se llevan a cabo en diferentes partes del país. Tanto es así que el mismo periódico, desde su parte institucional, ha apoyado premios que reconocen la labor de paz de diferentes comunidades”.

- Carlos Lozano Guillén (Voz): “El proceso político colombiano no pasa por la re- elección de Santos ni por la reaparición de Uribe, sino por el tema de la paz. El conflicto empezó hace más de 60 años por el tema de la tierra y hoy estamos peor”.

- Jorge Enrique Botero (TeleSUR y antes Caracol Televisión): “En La Habana, las FARC están haciendo lo que han denominado ‘bocadillo informativo’, pronunciándose  sobre  decenas  de  temas.
¿Alguien ha visto en algún noticiero a Iván Márquez [el líder negociador de las FARC en Cuba] hablando de temas agrarios? Los medios incluso están rotando a los periodistas que cubren los diálogos para evitar que se fragüe cierta familiaridad con los miembros de la insurgencia; supuestamente, para que no se contaminen”.

Intereses mediáticos

Los contextos de violencia desvelan los condicionantes de los medios de comunicación y el rol que juegan en la sociedad. Su desempeño en la cobertura del conflicto es cuestionablemente desinteresado y objetivo, toda vez que es dudoso abstraerse de las predilecciones de diferente signo, sean estas económicas, sociales, culturales o ideológicas. “En Colombia sucede lo que en el resto del mundo: los grandes medios de comunicación han quedado en manos de grandes conglomerados económicos que aportan grandes sumas en las campañas electorales. Son dueños de buena parte de la economía, les deben favores a las figuras de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial y, finalmente, son propietarios de la gran maquinaria de opinión pública. Tienen el combo completo del poder”, argumenta el director de CESO-FIP, Eduardo Márquez.

La guerra es
también una confrontación mediática

Pero los medios juegan todavía con la objetividad y la independencia: “No estoy de acuerdo con que pueda decirse que el cubrimiento del conflicto no es desinteresado”, responde el compañero de El Tiempo Andrés Mauricio Garibello. Las plataformas de información contestatarias muestran menos reparos a la hora de admitir su posición de partida. Consideran que la comunicación ha dejado de construir conocimiento y que ha sido desplazada o reemplazada por la manipulación de masas desde los centros de poder. Son medios nacidos tras la estela de la revista Alternativa, que circuló entre 1974 y 1984 con cuatro propósitos que han hecho escuela para este sector: contrainformación, investigaciones sobre los problemas del país, visibilidad de los actores sociales y canal de unión de las fuerzas contrarias al poder. Periódicos como Periferia siguen hoy su camino. Proponen repensar y asumir al comunicador “comprometido con la causa revolucionaria de nuestros pueblos y comunidades. Debe tener una estructura o posición política definida y ser un actor social en la comunidad y en los procesos”, escribe F. Sakina Iwoka en el editorial de noviembre de 2012[17]. ¿El periodismo puede permitirse el lujo de ser militante sin dejar de ser periodismo?

- Carlos Lozano Guillén (Voz): “Nosotros lo admitimos abiertamente: no somos neutrales. Pero ningún medio de comunicación lo es, todos tienen una postura, una posición. La neutralidad no existe, pero la verdad es fundamental. Otra cosa es la interpretación que hacemos. Es nuestra posición y de ahí no nos movemos. Son nuestros principios”.

- Jorge Enrique Botero (TeleSUR y antes Caracol Televisión): “Es mi gran dilema. Porque ese componente tan militante dentro del ejercicio de la comunicación hace que el discurso sea muy elemental, muy breve, muy simplista”.

- Alexander Escobar (Remap-Valle): “Es un monopolio de la audiencia en el que se imponen discursos con intereses definidos”.

- Andrés Mauricio Garibello (El Tiempo): “El Tiempo y los demás medios siempre han apostado por la paz. La portada soñada es la firma de un compromiso de paz. A nadie se le ocurre que un periódico tradicional como el nuestro esté apostando por que continúe la guerra. Lo que pasa es que en el cubrimiento de procesos de paz como este hay que ser prudente y muy cuidadoso”.

- Juanita León (La Silla Vacía): “Para cubrir el proceso, La Silla no tiene ningún tipo de ataduras, salvo la verdad y la inclusión del mayor número de voces”.

Las tres fuentes de los medios

Los propios periodistas, en privado y pidiendo su no-vinculación a ningún medio, hablan de la oficialización de fuentes con la que se mira el conflicto. Primero y de forma mayoritaria, la gubernamental, a través de sus múltiples representantes e instituciones. La corriente crítica se centra, por su parte, en los sitios webs de información de las insurgencias, tanto el de las FARC-EP[18] como el del Ejército de Liberación Nacional (ELN)[19], actualizados de forma permanente. La guerra es también una confrontación mediática y la insurgencia cuenta con presencia en esa dinámica del enfrentamiento. Hasta el punto de que tienen perfil en las redes sociales. Y como tercera voz, con mucho menos voltaje, aparecen los familiares de asesinados y desaparecidos. Sota, caballo y rey.
Los medios ejercen así de altavoces de las partes enfrentadas en el conflicto, con guiños esporádicos a los familiares de las víctimas. En este contexto, el Instituto  de  Periodismo  Preventivo y Análisis Internacional (Ippai) propone no olvidar a los actores que aportan propuestas y soluciones pacíficas a los problemas. Pero son conscientes de que “hablar de periodismo  preventivo en Colombia es una utopía”, escribe la periodista Mabel González, en el libro Periodismo preventivo. Otra manera de informar sobre las crisis y los conflictos internacionales[20].

- Alexander Escobar (Remap-Valle): “La misión de los medios privados es recoger elementos fragmentados de la cotidianeidad y elaborar con ellos un universo virtual de verdades aceptadas por la audiencia. Son dioses mediáticos, cuyos discursos evaden la exigencia de la argumentación y el debate. También son negocio. Entretener es su fuerte. No importa si es pobreza o muerte, nada se salva de ser rentable. El trasfondo, los verdugos, jamás son tocados. Esconden las causas del problema, a los responsables, a quienes diariamente despojan a la sociedad de oportunidades para una vida digna. Funcionan como simples reproductores de la versión oficial del Estado. Humanizan solo a los combatientes que defienden al Gobierno, al tiempo que niegan la condición humana de la insurgencia. De este modo, se justifica la pena de muerte en el imaginario de las personas, porque dar de baja a un ser despojado de su humanidad no representa motivo de reflexión”.

- Jorge Enrique Botero (TeleSUR y antes Caracol Televisión): “El gran problema de la cobertura mediática del conflicto armado interno es la carencia de fuentes, la falta de equilibrio entre ellas, la utilización de una sola fuente de información oficial, bien sea la del Gobierno central o la de las fuerzas militares. Es notable la falta de rigor de los periodistas para poder constatar las informaciones que les llegan desde los despachos públicos, la carencia de contextos y la falta de riesgo y audacia del periodismo actual para atravesar la que he llamado ‘frontera invisible’: aquella cantidad de lugares de nuestro país que no aparecen en los mapas, pero que existen en realidad. Después de que acaba la carretera, hay otro país donde no veo al periodismo colombiano, tampoco a los periodistas independientes”.

- Juanita León (La Silla Vacía): “La Silla siempre tiene múltiples fuentes, más allá de las oficiales. Están los analistas, las fuentes primarias sobre uso de la tierra y, en cada punto, las fuentes directas sobre los temas”.

- Carlos Lozano Guillén (Voz): “Los medios de referencia tienen excelentes manuales de cubrimiento del conflicto. Sin embargo, no los cumplen”.

- Andrés Mauricio Garibello (El Tiempo): “El Tiempo ha contado desde los sitios tanto tomas guerrilleras como acciones de grupos paramilitares. Por igual. Los periodistas que han cubierto el conflicto armado saben que las fuentes son escasas y difíciles de manejar porque, de un lado y del otro, estas sí tienen intereses para informar de lo que quieren y como lo quieren. Cuando uno va a las zonas de conflicto, se encuentra con un panorama difícil de desentrañar: las autoridades dicen una cosa, la contraparte dice otra y, en medio, hay poblaciones totalmente secuestradas por el miedo. No cabe duda de que creemos a las autoridades y que, cuando se puede, se consulta a la contraparte, pese a que sabemos que casi en la totalidad de las veces no es posible, aunque exista la intención del medio de consultarla”.

Terminología y lenguaje bélico

Nada de lo que cuentan los medios sobre la guerra, confirman los periodistas, es producto del azar. Ni el contenido ni las formas. Tampoco el lenguaje. Ni siquiera el uso de minúsculas y mayúsculas es aleatorio. El Tiempo habla de secuestros, terroristas y guerrilla. TeleSUR maneja el concepto de “retenidos” por causa de la guerra, refiriéndose a las FARC-EP o al ELN como insurgencias, rebeldes y también guerrilla. Los conceptos y sus usos calan subliminalmente en la conciencia de la gente. La FLIP, como defensora de la libertad de prensa, apuesta por una tercera vía en la que no se decida por “retenidos” o “secuestrados” en función de factores políticos, sino porque, en un momento dado, el periodista llega a esa conclusión.

- Jorge Enrique Botero (TeleSUR y antes Caracol Televisión): “La idea es pintar a unos héroes que se enfrentan a unos malos muy malos. Durante la época del presidente Uribe, hubo un permanente trabajo de construcción mediática des- tinado a poner el mote de ‘terroristas’ a la insurgencia.  Se  logró  instalar  en el imaginario colectivo la idea de que la victoria militar y el aniquilamiento del adversario eran posibles. Sobre esa construcción mediática, irrumpe la posibilidad de los diálogos de paz. Recuerdo estar en una reunión de bastante nivel en la que alguien preguntó cómo demonios hacer entonces para vender los diálogos. El exdueño de uno de los grandes medios de comunicación aseguró que en 15 días volteaba la opinión pública. Y lo hicieron”.

- Alexander Escobar (Remap-Valle): “Aceptación y satanización son efectos de los discursos empleados por los medios privados de comunicación. Son ellos quienes definen qué es lo bueno y qué es lo malo. Si en los diálogos del Caguán [como se conocen las anteriores negociaciones, entre el Gobierno de Andrés Pastrana y las FARC, que se prolongaron entre 1998 y 2002] el tema de la zona desmilitarizada era presentada como la ‘entrega’ de una parte del territorio y la rendición del Estado colombiano a la insurgencia, hoy los medios llaman ‘secuestrados’ a los prisioneros de guerra capturados por las FARC, para hablar así de la no voluntad de paz de la guerrilla”.

- Carlos Lozano Guillén (Voz): “Quieren convertir a las FARC en los victimarios y hacer del Estado una manta de palomas”.

- Andrés Mauricio Garibello (El Tiempo): “Es un debate viejo en el periódico y en todos los medios de comunicación del país. Nosotros escribimos las Farc, el Eln, las Auc [Autodefensas Unidas de Colombia] y el Epl [Ejército Popular de Liberación], en mayúsculas y minúsculas, no como lo haríamos con una institución del Estado. Y siempre está claro que la guerrilla, los paramilitares y demás actores del conflicto no retienen, sino que secuestran civiles y miembros de la Fuerza Pública. A la guerrilla se le llama guerrilla; a los paramilitares, paramilitares; a los narcos, narcos, y los que ponen las bombas y matan civiles son terroristas”.

- Juanita León (La Silla Vacía): “En el lenguaje se desvela mucho la ideología y la independencia del medio. Para nosotros, los secuestrados son los secuestrados y la guerrilla es la guerrilla, lo que no quiere decir que a veces hagan actos terroristas. Nosotros no usamos el lenguaje de los militares ni tampoco los eufemismos de la guerrilla”.

¿Sociedad informada?

Cada medio selecciona determinadas informaciones, resalta aristas concretas y da voz a sus fuentes de información, que no son todas. En su vorágine diaria, convive con la tentación de hacer del conflicto un espectáculo excitante. Es entonces cuando, al ver la guerra sin entenderla, la audiencia legitima el uso de la fuerza como alternativa necesaria. Por ello, cobra tanta importancia la calidad del periodismo. Así lo argumenta Mónica Herrera Irurita, columnista de uno de los medios impresos más influyentes, la revista Semana[21]: “[Los medios colombianos ofrecen] una cobertura al tema bastante parcializada y ‘polarizante’. Lo preocupante se encuentra en que no han sido capaces de lograr una mirada 360 grados con relación al conflicto (quisiera aclarar que hablo de los medios de comunicación más vistos o leídos…). [Su cobertura] ha sido parcial, dejando fuera a un gran número de actores, privilegiando unas voces y ocultando otras. Han mostrado la concepción de la paz desde una perspectiva bastante limitada, ‘la paz negativa’, dejando a un lado elementos culturales y estructurales. Es necesario fomentar escenarios movilizadores, los cuales generen una mirada crítica y permitan un panorama completo; todo hecho tiene unos antecedentes, unas repercusiones, y unos actores involucrados. Se trata de hacer un periodismo más social y menos comercial, que no lleve al consumo, sino a la reflexión[22]”.

- Jorge Enrique Botero (TeleSUR y antes Caracol Televisión): “Ha sido una guerra muy mal contada. También estadísticamente porque, si nos atenemos a las cifras que han dado los grandes medios, en este momento no debería haber ni un solo guerrillero, todos estarían muertos, dados de baja o desertados. Las grandes corporaciones mediáticas de nuestro país tienen una enorme responsabilidad histórica con la guerra; son culpables de haber atizado el fuego, de haber tocado los tambores de guerra durante años. Por fortuna ha irrumpido en el escenario mediático una cantidad de medios alternativos realmente admirable, que cada día hacen mejor trabajo. Las viejas disculpas de que hacer periodismo alternativo es muy caro ya no tienen vigencia. Van en el camino de nivelar la balanza”.

- Andrés Mauricio Garibello (El Tiempo): “El tema de la guerra y la paz está en la agenda de todos los medios. La información ha sido difundida desde el primer momento y los actores se han escuchado en diferentes medios de comunicación. Colombia tiene una particularidad: las iniciativas privadas  son las que ocupan el sector de los medios de comunicación. No hay medios públicos, por ejemplo, en prensa escrita. Tampoco hay medios partidistas, tal vez como sí sucede en España. Y se han creado medios que pueden entrar en el marco de alternativos, especialmente en internet. Al contrario de lo que pasa en los países europeos, en Colombia, el ciudadano queda bien informado con los medios tradicionales que existen tanto en Bogotá como en las regiones. No siempre acertamos, no siempre somos perfectos, pero ningún medio de comunicación lo es. Hay dificultades, especialmente en las regiones”.

- Juanita León (La Silla Vacía): “La audiencia no está bien informada porque hay demasiadas declaraciones y muy poca información de contexto”.

- Carlos Lozano Guillén (Voz): “Varias de las predicciones de Marx se están cumpliendo. Por ejemplo, la monopolización en este caso de los medios, que afecta a la calidad informativa. Se ha pasado de la propiedad familiar a la transnacionalización de monopolios a los que solo les importa su negocio”.

- Alexander Escobar (Remap-Valle): “La sociedad desconoce en su mayoría el conflicto colombiano.  La  carencia  de fuentes así lo determina. Pocos son los periodistas que se atreven a informar sobre la versión de la insurgencia. Y quienes se atreven a hacerlo se convierten en objeto de señalamientos, estigmatización y persecución estatal”.

El presidente de la FLIP, Ignacio Gómez, se arriesga con un balance general: “Tenemos mucha experiencia a la hora de narrar la guerra, también desde el punto de vista de las víctimas, diferente a las versiones oficiales de uno y otro lado. Y tenemos muchos tipos de periodismo, desde los medios tradicionales hasta los nuevos medios, que  hacen  un  serio trabajo de ‘reportería’ con todos los estándares y tecnología  moderna. En el caso de las iniciativas abiertamente partidistas, podemos hablar sobre todo de libertad de prensa; necesaria, porque el país tiene que mirar desde diferentes perspectivas”.
El director del CESO-FIP tampoco tiene dudas: “Para que un ciudadano esté bien informado sobre los desarrollos de la paz y de la guerra es necesario que consulte varios medios de comunicación con tendencias diferentes, cosa que no es habitual. En este panorama juegan un papel los medios alternativos, aunque con un impacto mucho menor. Se deben destacar los medios de expresión de organizaciones sociales, como las indígenas, que tienen un alto impacto sobre su comunidad y que son proclives a una solución negociada del conflicto armado; al fin y al cabo, los civiles son las grandes víctimas de esta confrontación. Pero, en  general, los llamados medios de comunicación alternativos, salvo contadas excepciones, son medios politizados, con claros sesgos informativos, ya sea desde una perspectiva de izquierda o, en menor medida, de derecha”.

Periodismo y periodistas, pilares clave en
esta tensa coyuntura

Ambos tienen claro que el periodismo y los periodistas son pilares clave en la tensa coyuntura que vive el país, aunque están expuestos a los vaivenes políticos. Incluso el actual presidente, Juan Manuel Santos, ha confesado abiertamente sentirse menos político que periodista, profesión que llegó a ejercer, siguiendo la tradición familiar, hasta alcanzar puestos como la subdirección de El Tiempo y la presidencia de su comité editorial, además de la vicepresidencia del Comité de Libertad de Prensa de la SIP.
Pero Eduardo Márquez e Ignacio Gómez regresan a su antecesor en la presidencia, Álvaro Uribe, para referirse al daño que produjo a la profesión. “Su concepción de la prensa se expresa en una frase: ‘Solo hay dos tipos de periodistas, los enemigos y los amigos del terrorismo’”, recuerda el director de CESO-FIP. Las consecuencias las detalla el presidente de la FLIP: “La perspectiva de los medios de comunicación para la paz formada alrededor de los años 80 cambió  drásticamente  durante el Gobierno de Uribe. Se acabó con todo lo trabajado durante dos o tres décadas, apostando no por buscar la paz, sino por anular la guerra. Y por eso, hoy tenemos una polarización mediática y, por ende, social”.


*  Revista de pensamiento sobre periodismo que se edita en España. El presente artículo corresponde a la edición No. 26, publicada en junio de 2013.
** J. Marcos (www.desplazados.org) es un (foto)periodista freelance especializado en temática internacional, tanto para medios nacionales como extranjeros.
[1] Reporteros Sin Fronteras: Informe Anual de la Libertad de Información 2012. 7 de febrero de 2013. http://www.rsf-es.org/grandes-citas/informe-anual-/. Visitada el 14 de abril de 2013.
Proyecto Antonio Nariño: Índice de Libertad de Expresión y Acceso a la Información Pública en Colombia. 11 de diciembre de 2012.
[2] Fundación para la Libertad de Prensa: De las balas a los expedientes. Informe sobre la libertad de prensa en Colombia durante 2012. 9 de febrero de 2013. http://www.flip.org.co/alert_display/0/2197.html. Visitada el 14 de abril de 2013.
[3] Sociedad Interamericana de Prensa: Informes por país: Colombia. 8 de marzo de 2013. http://www.sipiapa.org/v4/det_informe.php?asamblea=50&infoid=901&idioma=sp. Visitada el 14 abril de 2013.
[4] Proyecto Antonio Nariño: Índice de Libertad de Expresión y Acceso a la Información Pública en Colombia. 11 de diciembre de 2012. http://www.sivios.com/flip/indice_final/index.html. Visitada el 14 abril de 2013.
[5] Fundación para la Libertad de Prensa: Fuera de juicio. Manual para periodistas denunciados por injuria y calumnia. 9 de enero de 2013. http://www.flip.org.co/alert_display/0/2880.html. Visitada el 14 abril de 2013.
[7]  Forbes: Colombia. Octubre de 2012. http://www.forbes.com/places/colombia/#. Visitada el 14 abril de 2013.
[9]  Forbes: óp cit.
[13] remapvalle.blogspot.com.
[15] americalatina.ifj.org/es
[17] Iwoka, F. Sakina: “El sentido estratégico de la comunicación en el proceso de paz”. Periferia. Bogotá, noviembre de 2012. http://www.periferiaprensa.org/index.php/edicion-actual/1089-el-sentido-estrategico-de-la-comunicacion-en-el-proceso-de-paz. Visitada el 14 de abril de 2013.
[20] González, Mabel: “Colombia, de la guerra antidrogas a la guerra contra el terrorismo”. Periodismo preventivo. Otra manera de informar sobre las crisis y los conflictos internacionales. Madrid: Catarata, 2007, páginas 58-74.
[22] Herrera, Mónica: “Medios de comunicación y paz, hacia una cultura liberalizadora”. Semana. 21 de febrero de 2013. http://www.semana.com/opinion/articulo/medios-comunicacion-paz-hacia-cultura-liberadora/334141-3. Visitada el 14 de abril de 2013.

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