Entrevista a Enrique Ramírez sobre reconciliación y paz, prisionero de guerra y político, detenido en Eron Picota de Bogotá

“El perdón está en la cesación de las condiciones objetivas que generaron el conflicto”
Enrique Ramírez, es bogotano, padre de familia y tiene 41 años. Fue condenado por los delitos de rebelión agravada, terrorismo, secuestro extorsivo, homicidio con fines terroristas, suplantación de identidad. Está preso hace nueve años y diez meses. (Las opiniones personales expresadas en esta entrevista no comprometen a las Farc, organización a la que pertenece).

2014/ Diciembre 10/ Prisioneros políticos/ Por: Fernanda Sánchez Jaramillo

FSJ: ¿Por qué ingresó a la guerrilla?

ER: En mi caso fue por la exclusión política del Estado -a través del ejército y los paramilitares- contra los movimientos de izquierda en los años de mi juventud, a finales de la década de los 80 e inicios de los 90.

Pertenezco a una generación que no tuvo otra alternativa que ingresar a la lucha armada como única forma de trabajar por los cambios estructurales que necesita el país.

Hoy esperamos que los detentadores del poder entiendan que a través de la represión se genera un círculo vicioso de muerte y desolación. Si se abren espacios políticos, económicos y sociales con estos diálogos sería absurdo seguir en la resistencia armada, no ingresamos a la guerra porque nos guste o porque nos lucremos de ella sino porque no tuvimos otro camino.

Si en la lucha democrática nuestras ideas son derrotadas no tendríamos problema en aceptar dichos resultados pero la historia de Colombia demuestra que el statu quo no respeta la decisión de la mayoría. ¿O cómo entender lo sucedido con la Unión Patriótica o la elección de Misael Pastrana? para citar solo dos ejemplos.

FSJ: ¿Cómo es la convivencia en la cárcel con sus "enemigos" en el marco del conflicto armado?

ER: Los paras, esos de mochila y fusil contra los que combatimos en las regiones ¡claro que son culpables de la masacre de nuestro pueblo! pero ellos no fueron más que un instrumento del Estado y sus clases dirigentes.


Hoy existen evidencias para decir que el paramilitarismo ha sido un arma del Estado colombiano en la lucha contrainsurgente. Si no hubiera sido por el Ejército y ciertas políticas de los gobiernos de turno el paramilitarismo no habría existido y mucho menos se hubiera fortalecido como lo hizo.

Al preguntarme por mi enemigo fundamental no es en ellos donde lo veo realmente, pues ellos son también víctimas de la exclusión de un sistema que como única forma de subsistencia instauró la guerra contra el pueblo ya que ellos ingresaron por sueldos y prerrogativas económicas.

Con el transcurrir de los años no he encontrado más de dos o tres que tengan un discurso coherente y estructurado de derecha, el resto son “mercenarios”, en su gran mayoría, y uno que otro resentido por el mal accionar de la guerrilla.

Por eso no considero haber convivido con un solo enemigo de los irreconciliables en estos años aunque eso no niega los resentimientos que existen contra ellos.

Pero en la medida que uno escucha sus historias de por qué ingresaron a los paras ve palpable la exclusión y la pobreza como mayor argumento, situándolos como víctimas de las mismas injusticias que nosotros.

FSJ: ¿Guerrilleros y paramilitares fueron adversarios en el campo de batalla, en la cárcel trabajan juntos, qué causa los une?

ER: Con ellos y demás sectores que convivimos en las cárceles trabajamos en la construcción y fortalecimiento de un movimiento carcelario, que luche organizadamente contra los vejámenes, torturas y malos tratos que nos aplica el Estado.

En los primeros años de la década del 2000, los paramilitares en las cárceles se dedicaron a combatir toda forma de organización carcelaria pero al ser traicionados por el Estado -que no les cumplió con la Ley de Justicia y Paz- se ven obligados a organizarse para poder luchar por sus derechos como presos, así se fueron rompiendo las reticencias y prevenciones con los demás sectores carcelarios incluidos nosotros.

FSJ: Se habla afuera del posacuerdo y la reconciliación, ¿qué trabajo se desarrolla en ese tema en prisión?

ER: En las cárceles no existe ningún programa que abarque este tema de la paz y la reconciliación, al igual que no existen, o son mínimos los trabajos en educación, deporte y reinserción social.

Los prisioneros paramilitares, sociales y guerrilleros venimos construyendo niveles de interrelación a partir de nuestra convivencia -con tensiones y problemas- pues ninguno olvida sus muertos.

FSJ: ¿Qué tan preparado está para enfrentar cara a cara a su “enemigo” en un proceso de paz y asumir la victimización que usted haya causado?

ER: Sabemos que nuestro actuar ha generado víctimas a las cuales reconocemos, además estamos dispuestos -en el marco de un proceso de reconciliación donde los diferentes actores asumamos nuestras propias responsabilidades- a pedir perdón si es necesario y generar las acciones pertinentes para repararlas.

La verdad es que me siento preparado para ver a los ojos a mi “enemigo”.

Para mí el perdón está en la cesación de las condiciones objetivas que generaron el conflicto, el perdón no es -en mi concepto- una retórica de buenas intenciones, de abrazos y llantos.


En cambio, debe ser la cesación de la miseria, de la muerte en las puertas de los hospitales por falta de médicos, de la muerte por hambre y de la exclusión y violencia política.

Claro que esto no impide que en casos particulares a quienes hayamos podido afectar de forma directa o indirecta -asumiendo el reconocimiento de un grave error u horror cometido en el marco del conflicto- nos acerquemos a pedir perdón por el gran dolor que hayamos causado.

Pero no creo en un posconflicto pues existen dos visiones antagónicas, a lo que aspiro es a que estas diferencias se resuelvan por medios no violentos y democráticos. Aspiro a ver una izquierda capaz de luchar por un cambio real con la movilización, lucha social y no domesticada por el pánico o visiones retardatarias.

FSJ: ¿Qué labor pedagógica y social se realiza en las cárceles para asumir la eventual concreción de un acuerdo de paz?

ER: En las cárceles no se tiene por parte del establecimiento ninguna política tendiente a suplir esa necesidad de paz. Nosotros como presos políticos establecemos relaciones con diferentes personas para ganar conciencia de la real condición social, de sus causas y construir afinidades para las luchas sociales que nos esperan.

FSJ: ¿Cree que la sociedad está preparada para recibirlo y aceptarlo como desmovilizado de la guerrilla?

ER: Una parte de la sociedad nos recibirá con los brazos abiertos porque reconocen en nosotros a luchadores revolucionarios que buscamos una sociedad más justa; nos acompañaron en la lucha por muchos años dándonos ánimo y ayudas fundamentales.

Otros nos mirarán con odio y resentimiento por haberlos combatido y no dar nuestro brazo a torcer pero la gran mayoría, al comienzo nos vera con recelo y desconfianza porque los medios de comunicación han impuesto una visión tergiversada de nuestro actuar, pero esperamos con nuestro trabajo, actitud y compromiso cambiar esta percepción.

Estar al lado de las mayorías en las luchas que se avecinan en contra del capitalismo y su mutación neoliberal con sus valores de egoísmo y mezquindad, cambiará ese sentir de desconfianza por una hermandad que genera la lucha por una sociedad mejor.

FSJ: ¿Posibilita la cárcel el diálogo entre “enemigos” tradicionales o los endurece?

ER: Las dos cosas. Hoy favorece el diálogo entre los sectores porque los paras en la cárcel no son un sector en la confrontación y se diluyen en la población carcelaria.

Con ellos se han generado un tipo de dinámica de confluir en la lucha contra un enemigo mutuo: las degradantes condiciones de vida a las que estamos sometidos por el Instituto Nacional Penitenciario Carcelario (Inpec) y el Estado.

Pero también endurece por las degradantes e indignas condiciones de vida que impone y genera una mentalidad de egoísmo, enseñando que solo el propio beneficio es fundamental.

Contra estos valores es que los prisioneros políticos nos hemos tenido que enfrentar e ir revirtiendo esta lógica para desarrollar el Movimiento Nacional Carcelario.

FSJ: Finalmente, ¿Siente temor de salir de la cárcel, que se logre el acuerdo de paz y que los paramilitares reorganizados en las bacrim los asesinen, una vez desmovilizados?

ER: Sí claro existe un temor generalizado en la guerrillerada por ese tema de los paramilitares. De hecho existen ya varias informaciones que circulan en la cárcel sobre reuniones entre militares y “Bacrim” para asesinarnos, además la historia de nuestro país está plagada de incumplimientos de pactos de paz por parte del Estado.


Fernanda Sánchez Jaramillo, periodista, maestra en relaciones internacionales y trabajadora comunitaria.

@vozdisidente


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