Arte y Realidad Social, bases de la Cultura Popular para la Paz con Justicia Social

La cultura popular, como expresión del deseo de una nueva sociedad y un rechazo de a un Estado excluyente y a unas políticas donde se da más importancia al capital que a nuestras comunidades, es la base para la construcción de una paz con justicia social.

“Los pintores que desean hacer un arte social y que aman la belleza de la pintura en sí misma, son los que no olvidan que están en este mundo lleno de injusticias para formar filas al lado del pueblo. El pintor social cree ser el intérprete del pueblo, el mensajero de sus sentimientos. Es aquel que desea la paz, la justicia y la libertad.”
                                   Cándido  Portinari 

2015/ Abril 7/ Arte y Cultura/ Por: Luis Eduardo Jiménez Barco.*

Desde hace ya tres años en la RAPSO estamos realizando el ejercicio investigar y estudiar desde  los diferentes grupos de nuestra red, para crear la bases de lo que en un momento empezamos a denominar comoCultura Popular”, algo de lo que teóricos desde la sociología y la antropología están hablando desde hace décadas diferentes. Sin embargo desde RAPSO hemos planteado una discusión muy distinta a las ya existentes, al afirmar que la cultura popular no es un concepto en sí mismo, ni está en la naturaleza de los pueblos, ni es tan solo una lectura sobre el quehacer las diferentes comunidades en América Latina, puesto que la cultura popular la concebimos como una construcción de carácter colectiva y popular, como una práctica social.  Igualmente pensamos que la cultura popular, como la planteamos, no puede reducirse al análisis que todo lo categoriza desde un enfoque “neutral u objetivo”, como se pretende desde la epistemología y el discurso occidental, en tanto que no creemos hallar la verdad única y objetiva en el concepto de “cultura popular”.

No se trata de conceptos fríos. Todo lo contrario. Lo propuesto en diferentes foros y encuentros de artistas en el suroccidente nos llevó a hablar de la edificación de una cultura popular para la trasformación social y, por ende, de una paz estable y verdadera. Hablamos de la cultura popular no desde el “científico objetivo” sino desde la perspectiva de los que intentamos “hacer” arte y cultura en nuestra sociedad. Esto no quiere decir que desconozcamos los diferentes aportes teóricos por ser meramente occidentales, pues de lo que se trata es de construir desde nuestra perspectiva, sin desconocer aportes universales o al menos válidos para nuestro propósito. Por esta razón es que en relación a lo que llamamos “cultura popular”, nos hemos propuesto teorizar y no conceptualizar, debido a que el “concepto” supone una significación universal que pone en peligro este ejercicio de posibilidades que retoma otras perspectivas y prácticas. Entonces fue de este modo que llegamos a plantearnos un proceso de construcción colectiva, múltiple; y decimos hoy que no es tiempo de conceptualizar sino de teorizar para ampliar precisamente las variadas visiones y aportes.

En ese propósito de fundamentación desde nuestro quehacer consideramos pertinente acercarnos a la reflexión del arte y la sociedad. Creemos que una de las bases de la cultura popular está en la reflexión en torno al arte y la realidad social; esto es, la pertinencia del arte en un contexto social y político en que se realiza la creación artística, y la pertenencia de nuestro quehacer en el contexto de conflicto  social y armado que vive el pueblo colombiano, generado y sostenido por el Estado durante décadas.

Los artistas y su creación no pueden extraerse de la sociedad, de su contexto. Como seres humanos somos sujetos  sociables, hacemos parte de una sociedad, por lo tanto hacemos parte de una comunidad cultural surgida y enclavada en un contexto histórico y geográfico, preciso y precisable.

Los seres humanos establecemos relaciones con otros seres y en esa fluidez  construimos cultura. A través de los diferentes aspectos de la cultura, costumbres, religión, reglas, artes, formas de hacer y ver el mundo, discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de la cultura y el arte los seres humanos nos  expresamos, tomamos conciencia de nosotros mismos y de la sociedad en la que  vivimos, nos reconocemos como un proyecto inacabado, ponemos en cuestión nuestras propias realizaciones, buscamos  incansablemente nuevas significaciones, y se crean obras que se expresan y pretenden transcender.

El arte y cultura – como producción histórica-  da a los seres humanos la capacidad de reflexionar sobre sí mismos. Es la cultura la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos.

El artista que vive en una sociedad determinada recoge desde el colectivo o  individualidad esa sociedad misma y la expresa desde los diferentes lenguajes que tiene el arte. Debemos aclarar aquí que no debemos entender la “individualidad” como expresión propia, íntima del sujeto, sino como individuación, esto es, como ser afectado y que afecta socialmente. En esa medida lo que llamamos “individuo”, en realidad, es el resultado de afecciones sociales, es el resultado de una conjugación de múltiples perspectivas de la sociedad y su ser mismo. Por ende el artista no se excluye de la sociedad, más bien, expresa sociedad y el deseo de una no-sociedad del ahora, o dicho de otro modo, una negación de la sociedad actual (sociedad en conflicto) y deseo de una nueva sociedad que posibilite desarrollar al ser humano como individuación (sociedad en paz).

Es en este sentido que la creación artística es una producción social, en tanto que es creada desde el ser humano (social), esto es, consciente de su sociedad, de su entorno, de su realidad y contexto. Además el arte no es natural, puesto que no pertenece a las cosas de la naturaleza misma, ni existe por naturaleza sino que es resultado de prácticas y deseos humanos claramente sociales. De modo que la práctica social del “arte” es una expresión de la sociedad misma, de sus posibilidades, de sus  potencialidades, de sus fallas, de sus deseos, de sus proyectos, de su realidad social.

Por ello decimos que el arte y la cultura que revindicamos, construyendo con nuestros trabajos con los compañeros y compañeras de la RAPSO en el suroccidente, es un arte que expresa realidades y deseos de los sectores populares, intereses urgentes de nuestro pueblo; superación de miedos implementados por el terrorismo del Estado a través de sus máquinas de guerra como la televisión donde se da la guerra ideológica a ultranza; un arte que resiste y enfrenta al paramilitarismo, a las políticas guerreristas y el sistema educativo globalizante, con una propuesta distinta a la del Ministerio de Cultura que solo pone a competir a gestores culturales y artistas entre sí, entre nosotros mismos, para que luego sean aprobados nuestros proyectos recibiendo una miseria que no aporta a una política cultural de fondo, y continuada, que apunte a la construcción y trabajo con la comunidad, mientras que por otro lado se invierte un presupuesto inimaginable para la guerra que acaba con el dinero necesario para la inversión social y cultural.

La cultura popular, como expresión del deseo de una  nueva sociedad y un rechazo de a un Estado excluyente y a unas políticas donde se da más importancia al capital  que a nuestras comunidades, es la base para la construcción de una paz con justicia  social. Desde nuestra perspectiva estamos convencidos que las salidas a una paz duradera y verdadera debe comenzar con la educación de nuestra  población, con la inversión cultural en las comunidades, con un sistema económico y político donde  no sea más importante el capital y las ganancias que el mismo ser  humano. Por lo tanto la salida a la paz es política, pues mientras no haya empleo y salarios dignos para los trabajadores del arte y la cultura, mientras nuestros niños de los sectores populares no tengan acceso a una formación artística con perspectiva profesional, mientras no paren las persecuciones y desapariciones contra los luchadores sociales y populares y a los artistas, mientras los campesinos no tengan sus tierras, mientras las trasnacionales no dejen de explotar y expropiar  nuestras riqueza, nuestras tierras, nuestra agua, mientras las mujeres no sean respetadas en cada espacio de la sociedad, mientras la bases militares extrajeras no se vayan del país, mientras el Ministerio de Cultura no deje de implantar a los artistas colombianos en lógicas de solo mercado como las industrias culturales, entonces, no habrá paz en Colombia.

Por  ello planteamos e invitamos a la construcción de un arte y cultura popular que expresen nuestros intereses, nuestros deseos; un arte que haga valorar nuestras  formas de hacer, nuestras cosmovisiones, donde el arte no sea más bello según el modelo de la cultura y estética hegemónica, porque simplemente no habrá paz verdadera y duradera en el país, si a éste se le niega su riqueza cultural, sus expresiones, su  libertad para expresar, su identidad.




* Luis Eduardo Jiménez es docente, filósofo y director de teatro, y actualmente coordina la RAPSO (Red de Artistas Populares del Suroccidente).

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