¿Por qué la Asamblea Nacional Constituyente?

Huber Ballesteros, prisionero político integrante de la Junta Nacional de Marcha Patriótica, escribe desde prisión sobre la Asamblea Constituyente.

El régimen presidencialista con que se gobierna el país, más parece una monarquía constitucional por la forma como los delfines de la clase política hacen cola para ocupar la silla presidencial y por los poderes ilimitados que se le han dado al jefe de Estado, quien termina gobernando como un dictador.

2015/ Agosto 5/ Constituyentes por la paz

Por: Huber Ballesteros, prisionero político
Integrante de la Junta Nacional de Marcha Patriótica

Son muchas las razones que cualquier ciudadano de nuestro país podría mencionar y que no solo justifican su realización sino que la hacen necesaria.

Veinticuatro años de haberse promulgado la Constitución del 91 sin que hayamos resuelto los graves problemas económicos, políticos y sociales que aquejan a nuestra sociedad, es tiempo suficiente para hacer un balance sobre lo que se pretendió con su expedición y lo que verdaderamente se ha logrado.

A juicio de muchos, incluidos algunos exconstituyentes, el haber dado al Congreso la posibilidad de reformar la Constitución fue un grave error. Con esta facultad que le delegó el constituyente primario, el poder constituido (gobierno de la oligarquía y capitalismo) ha modificado la Constitución tantas veces como sus intereses lo han requerido. Si en algún momento la Constitución del 91 tuvo la intención de ser un tratado de paz, esta se fue desdibujando con las modificaciones permanentes que se le fueron haciendo.

Está probado suficientemente que el Congreso de la República, no es el escenario idóneo para reformar la Constitución; su compromiso con la violencia, la corrupción y con todos los males que padece nuestra nación son evidencia irrefutable de su falta de legitimidad, y de que lo único que han hecho con los cambios realizados, ha sido plasmar sus intereses personales, de grupo y los del capital nacional y transnacional, convirtiendo así nuestra carta magna en una colcha de retazos.

Asamblea Nacional Constituyente para un nuevo Pacto Social para la Paz

Son muchas las voces y varios los estamentos de la sociedad que se han pronunciado favorablemente a esta iniciativa; aunque es de entender que  quizás  entre ellos existan diferencias en cuanto a  los objetivos,  alcances he incluso la  manera de conformarla, pero se coincide en que solo una nueva constitución puede resolver los problemas del  modelo económico,  el régimen político, el sistema de justicia, el desarrollo territorial y de falta de justicia social.

Partimos de dos maneras de llevar cabo una modificación de la Constitución: El Congreso de la República (poder constituido o constituyente derivado) mediante actos legislativos; y el Constituyente Primario (el pueblo) en una Asamblea Nacional Constituyente. En relación al primero puede decirse que si hay una cosa cierta en este país es el desprestigio del Congreso de la República; muy pocas personas creen que esta rama del poder público tenga la legitimidad para reformarse y reformar todo lo que en este país huele a podrido.

El ejecutivo en todos sus niveles es un nido de corrupción; aunque solo se hable del carrusel de la contratación en Bogotá es un secreto a voces el que ésta campea en todos los niveles e instituciones del Estado: Presidencia, Ministerios, Institutos, Empresas Públicas, Gobernaciones y Alcaldías.

El régimen presidencialista con que se gobierna el país, más parece una monarquía constitucional por la forma como los delfines de la clase política hacen cola para ocupar la silla presidencial y por los poderes ilimitados que se le han dado al jefe de Estado, quien termina gobernando como un dictador. El poder judicial se encuentra también en bancarrota; todos sobre la aplicación conocida de la “justicia” con diferentes raseros, una justicia estratificada que obedece a intereses políticos y económicos; convertida por los poderosos en un rey de burlas y siendo en síntesis un instrumento de represión contra los pobres y contra quienes se oponen al sistema además de una fábrica de absoluciones e impunidad para los delincuentes de cuello blanco y para aquellos que desde el Estado o con la complicidad de sus agentes, violan los Derechos Humanos y cometen toda clase de crímenes.

Como podemos ver, los tres pilares de la “democracia” burgués, de la llamada República Liberal han perdido en nuestro caso toda legitimidad.

Una constitución cuyos principios de soberanía, servicio a la comunidad, Estado social de derecho, respeto a los Derechos humanos, reconocimiento y respeto a la diversidad étnica y cultural y protección de las riquezas naturales y culturales de la nación son en la práctica letra muerta, requiere ser modificada para que pueda cumplir con estos y otros fines. En vista de que la clase política no tiene ni el interés ni la legitimidad para liderar un proceso de esta naturaleza, corresponde al Movimiento Social y Popular, a la izquierda y a los sectores democráticos asumir la tarea de organizar equipos que impulsen y convoquen la realización de pre-constituyentes en los distintos niveles territoriales de la nación. De ellas deben salir las propuestas de contenido de Nueva Constitución; las formas de convocarla y de cómo integrar una Asamblea Nacional Constituyente que sea verdaderamente representativa de lo que somos y representamos como nación.

Una constituyente que nos dote de una constitución que haga efectiva la soberanía, la democracia, la paz y la justicia social.

Cárcel la Picota, Julio 29 de 2015.

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