Juan Manuel Santos oculta el estado crónico de Colombia con el cierre de la frontera de Venezuela entre el Táchira y Cúcuta

Se calcula que entre 2002 y 2009 han ingresado 480.000 colombianos a Venezuela.

Santos recurre a una moral de parroquia, exigiendo respeto a los colombianos. Él, engaña con un mayor embeleco, irradia un para-estado crónico, calculable, con una política exterior de un raquitismo político, guerrerista, bajo espuelas anquilosas y anacrónicas.
2015/ Septiembre 4/ Internacional/ Por; Sara Leukos


                                                                  Se comieron la carne y echaron el hueso.
                                                                    Lázaro Fernando Sirgo Chiang, Q.E.P.D
                                             Olofista Religión Yoruba.  San Miguel del Padrón-Cuba 

Muchos medios nacionales e internacionales, hablan de la crisis de Colombia con respecto al cierre de la frontera  de Venezuela entre el Táchira y Cúcuta[1]pero el tapado mayor está adentro, en Colombia: el envío de mercenarios y paramilitares hacia Venezuela.[2]

Actualmente, el  presidente Juan Manuel Santos recurre a los medios a convocar un apoyo de un lado y de otro, rechazando la vía de un dialogo regional con el gobierno del presente Nicolás Maduro, el cual se le rebosó la taza de tanta agresión paramilitar en la frontera del Táchira.[3]

Santos, ante el cierre recurre a una moral de parroquia, exigiendo respeto a los colombianos que, según él, les han violado los derechos de colombianos en la frontera. Él, engaña con un mayor embeleco, irradia un para-estado, crónico, calculable, con una política exterior de un raquitismo político, guerrerista, bajo espuelas anquilosadas y anacrónicas.

I El Estado de Colombia, no está en crisis, es un Estado crónico.

Los colombianos,  que bajo un dolor histórico personal y colectivo, viven de duelo en duelo, de carencias, de desconfianza   atisban  hacia un “Pater Familiae”  imagen a soportar las carencias y desafectaciones, propiciadas por la implantación hegemónica de una economía y un modelo  deshumanizado. El presidente no ignora, engaña; que mejor con  la crisis  de Frontera con Venezuela, para enviar  el mensaje de duelo de  patriotas, reenviando amor por esa patria, con la creación  que existe un Estado en Colombia que protege y garantiza los derechos civiles,  baluarte que no lo es. Una falacia  y un irrespeto hacia una población- víctima de disposiciones de una política de Estado que no logra liberar las graves violaciones de derechos humanos, la corrupción, la hegemonía de los gremios y el  desplazamiento forzado de colombianos por motivos económicos, políticos y sociales hacia Venezuela y otros países.   

En medio de la irresponsabilidad  política de Santos, sobre el tema fronterizo con el gobierno de Venezuela, los colombianos luchan por un estado democrático, insisten sobre la incapacidad política, la negligencia y las improcedentes acciones  que ejerce el Estado de Juan Manuel Santos, sobre los crímenes de lesa humanidad,  delitos políticos, corrupción y males institucionales al interior del país, todo bajo un terrorismo de Estado.  Santos y su corpus burocrático de estado, no  resuelve aún el tema de las falsas judicializaciones, el tema de tierras, el esclarecimiento de  los 100  líderes asesinados de Marcha Patriótica, el asesinato de líderes de Congreso de los pueblos, afros, indígenas y campesinos,  el  cierre, el  despido  de  trabajadores y la muerte de 25  sindicalistas en su periodo, dice mucho de su Estado.  Este tema,  no le interesa, ni mucho, ni menos, como  tampoco el circuito escabroso  de  asesinatos extra-judiciales.  No existe información por parte del estado,  sobre lo que sucedió con más de 45 mil desaparecidos entre jóvenes, mujeres, hombres, de  quiénes son los responsables, ni mucho menos inicia una sanción o una plataforma  de búsqueda,  diseñada y participativa para ejercer una política pública, en miras al esclarecimiento de  la verdad y la búsqueda  de personas desaparecidas.  Esto le  corresponde a un Estado en democracia o por lo menos en esa vía;  cuando está hablando de Paz, con los movimientos  insurgentes colombianos.

Por ahora, a Juan Manuel Santos, sus instituciones gubernamentales y militares,  no le interesa nada de ello. Ante este panorama, ¿una mesa de Paz con los movimientos insurgentes, será la solución social? ¿Será posible la Paz que habla Santos, cuando continúa  y consolida mediante la aplicación de un Plan de Desarrollo, basado sobre una política pública privatizadora, diseñada solo por los gremios económicos y corporativos hasta el año 2018, si se tiene en cuenta que numerosos territorios viven en el  hambre, la miseria y la entrega de  los recursos energéticos?

La persecución a  líderes de movimientos sociales,  indígenas, afros,  campesinos,  el poco esclarecimiento sobre las fosas comunes en el territorio,  el fenómeno de la desaparición forzada,  el  incumplimiento y dilación de los acuerdos a la Cumbre Agraria Campesina, Étnica y Popular en relación a los diversos proyectos productivos, y toda la desestabilización progresiva por el cierre y despido de trabajadores, incluye un Estado crónico que no logra avizorar internamente una apuesta  por la Paz.

Actualmente, no existe información clara y precisa sobre qué sucedió, quiénes son los responsables, ni mucho menos sanción sobre los miles de desaparecidos, sobre las falsas judicializaciones, los asesinatos de líderes afros, indígenas, campesinos por parte de las fuerzas militares y agentes al servicio del Estado, y sobre los innumerables delitos políticos. Mientras esto ocurre, consolida la herencia de un modelo paramilitar al interior del país, con transferencia hacia la frontera del Estado en Venezuela.  

II Territorialización  Paramilitar en el estado de Táchira 

En 1999, miles de colombianos, una población flotante, desplazada, desarraigados por el hambre y la miseria son acogidos por el presidente Hugo Chávez Frías. En este contexto existen estudios realizados por la Asociación Colombianos en Venezuela,  (ACOV), en el año 2002 entraron 23.000 colombianos; en el año de 2003 la cifra aumentó a 69.000. Se calcula que entre 2002 y 2009 han ingresado 480.000 colombianos.[4]

Son desplazados que se adhieren progresivamente y territorialmente, en un contexto geográfico hacia la frontera de Venezuela entre Cúcuta y el estado de Táchira y Zulia. Los colombianos desamparados por el estado Colombiano, son acogidos de buena fe por el gobierno de Venezuela, dándoles garantías de vida y otros colombianos desplazados por el gobierno de Colombia,  se confluyen en la frontera en bandas de paramilitares en el estado del Táchira, en los municipios de  Bolívar y Morelia, buscando consolidar un proyecto contra-económico: instaurando mafias para la economía del petróleo fronterizo, la cual, genera grandes divisas, diría más que el narcotráfico.

Infografía de teleSUR

Los  grupos de paramilitares, instalados por el gobierno colombiano en la frontera, hacen parte de una economía del petróleo, en una red circular en los estados fronterizos de los estados de Táchira y Zulia, cuyos gobiernos son de derecha y opositores al gobierno de Venezuela.  Allí, se instaló un circuito  económico: cambios de divisas, corrupción, contrabando de gasolina, captación de productos venezolanos hacia Cúcuta, intercambio de divisas, mercancías ilegales, narcotráfico, creación de  plataformas para formar corporativismo entre la población al servicio de los paramilitares. Es la implantación de  redes locales económicas, por parte  de miembros paramilitares colombianos, se inserta y genera un corporativismo en diversas redes, es decir, una  territorialización paramilitar. Toda una imposición de mafias de fronteras,  a través  del mercado  del  petróleo.[5]

Cartografía Paramilitar

Esta instalación de territorialización paramilitar transnacional,  requirió un plan de implementación a través de una cartografía paramilitar.[6] En el estado de Táchira, esta cartografía temática, se realizó, bajo un empadronamiento cartográfico en detalle, logístico, de identificación de ciudadanos, bajo un trabajo local, con el fin de insertar estos grupos de manera ilegal, en la comunidad fronteriza[7], para llevar progresivamente una penetración territorial de paramilitares. Esta significación  fronteriza, consolida una hegemonía económica, de manera ilegal con el fin de desestabilizar el paso fronterizo hacia el estado de Táchira y viceversa. Desde Colombia, con esta cartografía corporativa, se  implementa el  Modelo Paramilitar Transnacional (MPT), transfiriendo hacia la frontera, la aplicación de un empadronamiento al servicio de grupos paramilitares.

Esto conlleva a una  territorialización del mercado cambiario  en la frontera.

Mientras esto ocurre, la democracia virtual en Colombia, Santos se significa bajo un estado crónico, sin resolver temáticas sociales y no logra avanzar, situando su política de Estado sobre la consolidación de las grandes oligarquías, la burguesía industrializada y grupos económicos que sostienen el corpus del ejército paramilitar en algunos departamentos y fuera de ellos. El paramilitarismo, se sabe, no se sostiene solo.    

En medio de las tormentas sociales,  Juan Manuel Santos, mientras habla de un proceso de Paz con los movimientos insurgentes FARC-EP y avanza hacia una mesa con el ELN, consolida un estatuto quo represivo, paramilitar con gran  proyecto económico del capitalismo gota a gota, sin gritar, vociferar y alardear como lo hacía su antecesor: Álvaro Uribe Vélez. Si para ello tiene que poner una cruz a más de un colombiano, lo hará. Él como eslabón de una familia hegemónica y sin escrúpulos quiere pasar a la historia como un hombre de bien, de paz, demócrata, así sea que esa paz cueste lo que cueste, como lo expresaría un día: “la Paz se consigue  a las buenas o  las malas[8]. Entonces, cabría preguntarse: ¿Cuál es la Paz que habla Santos, si no combate los organismos paramilitares? 

Santos no es ningún Beato, ni un santo con nimbo, es un  hombre recubierto, aciago, con un retoricismo discursivo militar y guerrerista. En ese trazo, se configura toda su alianza con el paramilitarismo nacional, trasladando a la frontera de Táchira y sus municipios más próximos el Modelo Paramilitar Transnacional (MPT), esto sin duda, tiene una importancia externa en temas sensibles de su eje y proyecto político:
   
1. Su consolidación regional: el petróleo y las concesiones económicas de los territorios a países multilaterales, como respuesta al modelo neoliberal, que propugnando un paramilitarismo interno en Colombia y fronterizo en contra del territorio venezolano. El petróleo es el objetivo.

2.  El proyecto de extracción en la Mega-Minería es la afirmación de lo iniciado por Álvaro Uribe Vélez, su prioridad es la entrega de los territorios a las multinacionales en la  explotación de los hidrocarburos: la extracción minera, y lo recursos hídricos para entrar en concesión de privatización. Se evidencia en su periodo  la selección de  asesinatos  de líderes, miembros de sectores populares y la muerte de 25 sindicalistas durante su periodo.  

3. La consecución de los TLC, acuerdo económicos  multilaterales, afianzando  su política exterior al servicio de un modelo capitalista, con aplicaciones de estrategias neoliberales y cambiaras en detrimento de un modelo de desarrollo social y participativo. En ese trazo, las comunidades de base, las organizaciones populares, los sectores campesinos, afros e indígenas, no son tomados a consideración con sus propuestas. Están fuera  de allí.

Juan Manuel Santos, como gobernante inescrupuloso, según él, su postura de hombre de paz hay que creerle, pero solo, esa  credibilidad reposa en la  terminación de cada frase. No es inexperto, ni ingenuo, todo lo contrario, bien agudo y perseverante en lo que reguardan sus palabras. No hay confianza mancomunada, con los sectores populares, pues imperan los asesinatos selectivos, no las masacres. En él, la realidad se vuelve rebuscada, es una frontera cogitabunda, aparece sostenida bajo una  nube gris sobre lo que promete públicamente, y lo que sostiene como eslabón de una clase dirigente, oligárquica y cerrada. Su trabajo político actual, es una esfera sostenida, corporativa, privatizadora, al servicio de los grandes grupos económicos, bajo el modelo capitalista, que bajo un retoricismo expresa una política  de niebla brumosa, densa y serpentina. Juan Manuel Santos, parece un escarabajo y sin duda, Álvaro Uribe Vélez, una mosca que revoletea.

La farsa de Estado que se propugna en Colombia, extiende su cielo nublado hacia Venezuela. Santos acomoda su pavesa  histórica, la convierte en su nube selectiva y guerrerista, no solo, contra los sectores populares en Colombia, sino que transfiere  la guerra, hacia el Estado de Venezuela.


[1] La frontera colombo-venezolana tiene aproximadamente 2.219 kilómetros.
[2] El domingo 9 de mayo del 2.004, la inteligencia del estado venezolano, detectan en la Hacienda Daktari, en una zona montañosa del Municipio el Hatillo, propiedad del Maya Mero Robert Alonso a un gran grupo de 153 paramilitares Colombianos que venían siendo entrenados para fraguar un atentado tipo comando para asesinar al mandatario venezolano, Hugo Chávez. Ver:  http://www.aporrea.org/ddhh/a168381.html
Ver sobre este punto,  la presencia  paramilitar en el estado de Táchira y Zulia –
[5] Ver sobre esta reflexión la entrevista actual del periodista Dick Emanuelsson- a  Juan Carlos Tanus, coordinador de “Colombianos en Venezuela” sobre los verdaderos motivos del cierre de la frontera colombo-venezolana en el estado de Táchira. Escuchar la entrevista completa: https://app.box.com/s/khqaxfyeedrc39ejq6sxa5ic69e4ytek y http://venezdickema.blogspot.com.co/2015/09/18-millones-colombianos-consumen-la.html?spref=fb
[6] Para este caso es necesario, hacer referencia  como en Colombia el  trabajo de una cartografía paramilitar, se encubrió en el año de 1.999 con las  mal llamada Cartografía social, que sirvió para la identificación geográfica, es decir,  el empadronamiento de  líderes del sector  campesino a nivel  nacional. Esta cartografía social, fueron programas llevados a cabo entre universidades, gobiernos departamentales y alcaldías locales. Estos mapas temáticos, fueron la ruta posterior y progresiva en los territorios, por parte de las Autodefensas (paramilitares) para realizar ejecuciones sistemáticas y corporativas en los territorios en Colombia.
[7] Versión oral de un líder en frontera.

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