julio 2016
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“Yo recuerdo con pesar, con tristeza, la ausencia de colaboración de parte del Estado. Ni el Ejército, ni la Policía, ni los alcaldes, ni los gobernadores actuaron en favor de la población civil. Fue la guerrilla la que defendió…”, Pablo Catatumbo.
La Habana, Cuba | FIPU

31 de julio de 1999, la fecha es recordada porque marcó la presentación oficial  de los paramilitares del Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia, más conocidas como las AUC, en el departamento del Valle del Cauca. En el documental Memoria y dignidad campesina, os campesinos del corregimiento La Moralia recuerdan aquel 31 de julio.

“Después que nos tenían aquí en el parque, venían unas personas encapuchadas y empezaron a retirar gente de este grupo y los sacaron hacia la vía de Monteloro, donde sacaron al señor Oliver Urrea, al señor Orlando Urrea y su hija Sandra”, recuerda Pedro Pablo Castañeda, campesino de La Moralia.

Muerte y desolación trajo el Bloque Calima desde la primera incursión en este corregimiento del municipio de Tuluá, donde fueron masacrados Sandra y Orlando Urrea cuando celebraban las fiestas de la Virgen del Carmen. Solo Oliver Urrea sobreviviría, pero igual suerte no acompañó a miles de campesinos de esta región.

Durante cerca de cinco años, hasta su desmovilización, los paramilitares asesinaron en el Valle a más de 2.300 personas y desaparecieron a cerca de cuatrocientas, desplazaron forzosamente a sus habitantes y cometieron crímenes de violencia sexual. Sin embargo, la población asegura que las Fuerzas Militares y de seguridad del Estado no combatieron a los paramilitares mientras masacraban y desplazaban.

Y si el Estado colombiano no combatió a los paramilitares, ¿entonces quién los combatió? Para resolver esta pregunta viajamos hasta La Habana (Cuba) y dialogamos con la delegación de paz de las FARC, organización guerrillera que dialoga con el Gobierno colombiano para poner fin a un conflicto de más de cinco décadas. Hablamos con Pablo Catatumbo, integrante del Secretariado de las FARC, y esto fue lo que nos contó.


“Yo recuerdo con pesar, con tristeza, la ausencia de colaboración de parte del Estado. Ni el Ejército, ni la Policía, ni los alcaldes, ni los gobernadores actuaron en favor de la población civil. Fue la guerrilla la que defendió… Y gracias a esos combates de la guerrilla es que los campesinos de Barragán, de Santa Lucía, de La Moralia, de Monteloro,  de Venus, La Diadema, Piedritas, todas esas regiones, La Mesa Ríoloro, tienen tierra hoy en día”.

Pero esto no es lo único que tenía Pablo Catatumbo para contarnos. Asegura el líder guerrillero que además sostuvo conversaciones con los mandatarios de esa región.

“Yo llamé personalmente al Gobernador, llamé alcalde de esa época. Llamé al alcalde de Buga, llamé al alcalde de Tuluá para ponerlo al tanto de esta situación. Con ellos sostuve conversaciones personales, solicitándoles ‘hagan algo, por favor, aquí se está produciendo un genocidio’. Y nadie hizo nada”.

Como dato curioso, y dejando como testigo al periodista Norbey Palacio de Tuluá, Catatumbo también afirma que informó a los altos mandos militares, recordados por actuar en complicidad con el paramlitarismo.

“Yo llamé al general Pedraza en presencia de un periodista, Norbey Palacio, –creo  que pertenecía en ese momento al elenco de RCN o de Caracol–, y en medio de un combate, del combate que estábamos sosteniendo con los paramilitares en Barragán, lo llamé. Y le dije: ‘General, qué pasa, aquí hay un grupo de paramilitares que ya asesinaron a 14 personas de manera inerme y cobarde, y nosotros llevamos combatiendo con ellos más de cuatro horas, pero el Ejército no hace nada. ¡Por qué dejan asesinar a la población! ¡Hagan algo!’ El general Pedraza, cuando me le identifiqué, que me dijo ‘quién habla’, y le dije ‘Pablo Catatumbo’, entonces lo que hizo fue insultarme”.

De las más de 2.300 personas asesinadas por los paramilitares, muchas corresponden al centro del Valle del Cauca. Catatumbo afirma que hubieran podido ser muchas más.

“Y por eso yo le puedo decir que más de cuatrocientas personas que asesinaron en Barragán, Santa Lucía, La Moralia, La Marina, todas esas regiones, Alto de Italia, pudieran haber sido más sino hubiera sido porque los guerrilleros de las FARC, los guerrilleros del Jaime Bateman Cayón, nos enfrentamos a esos paramilitares”.

Finalmente el comandante guerrillero sostiene que sin la valentía y entrega del movimiento campesino de la región no se habría logrado derrotar a los paramilitares.

“El movimiento social se recuperó y finalmente asumió la lucha por la defensa de su territorio. Y gracias a esa lucha fue que se pudo, dijéramos, derrotar al paramilitarismo. Pero, le repito, muy pocas regiones tienen el orgullo de decir que el proyecto paramilitar fue derrotado como en Barragán, como en Santa Lucía, como en esa parte del Valle”.

Y como afirma Pablo Catatumbo, los campesinos del Valle del Cauca derrotaron al paramilitarismo. Y cada 31 de julio conmemoraran esa lucha recordando la fecha como el Día de la Memoria y dignidad campesina

Los prisioneros políticos de la cárcel de Jamundí se unen a la Gran Fiesta Nacional por la Paz, desde la cárcel envían un saludo a las organizaciones y se suman a esta importante movilización



Porque la libertad de las y los prisioneros políticos es una muestra de paz!

Que nadie esté encarcelado por construir un mundo nuevo!

"Nosotros los presos políticos que nos encontramos en Jamundí apoyamos la movilización que se realiza hoy en el país. Apoyamos la paz, por una patria grande Apoyamos la paz, por una patria grande con justicia social. No permitamos que mueran nuestros niños, mueran en la guerra si a la paz. No más guerra".

En apoyo a la movilización realizada el 15 de julio, en apoyo al proceso de paz, nosotros los prisioneros políticos de la cárcel de Jamundí, del bloque 3, hemos decidido realizar esta pequeña demostración para que el mundo recuerde que aún existimos personas que nos negamos a recibir la libertad pese a que nos han dado miles de prebendas el Estado condicionándonos a traicionar nuestros principios y a nuestros compañeros.

Nos negamos a ello porque seguimos creyendo en una Colombia que podemos construir y una Colombia con justicia e igualdad social, con mejores oportunidades para todos.



Prisioneros políticos Complejo Penitenciario y Carcelario de Jamundí, Valle del Cauca





“Yo apoyo la paz porque no quiero que mi familia vuelva a quedar en medio de un enfrentamiento entre la guerrilla y el ejército”.

En un corto video, de menos de un minuto de duración, jóvenes de la Coordinación Campesina del Valle del Cauca (CCVC), en el municipio de Tuluá, expresan las razones por las cuales apoyan el proceso de paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC.

Pero los jóvenes no solo manifiestan apoyo. Para ellos también resulta de suma importancia continuar los procesos organizativos que permitan lograr un “Gobierno más justo, del pueblo y para el pueblo”, luego de finalizados los diálogos de paz con las FARC y demás grupos insurgentes.

La semana pasada fueron asesinados los afroestadounidenses Alton Sterling y Philando Castile con disparos a bocajarro efectuados por  agentes policiales. En lo que va de año, han sido contabilizadas 509 muertes bajo la responsabilidad de la policía norteamericana, de esas 509 personas fallecidas, 127 personas eran afrodescendientes, según datos del diario  The Washington Post.

Son muchas las voces que consideran que estos casos, al igual que los de Michael Brown, Eric Garner, Walter Scott y Freddie Gray demuestran el problema estructural de racismo y exceso de violencia policial contra la comunidad negra.

Según Sam Sinyangwe, investigador y activista que fundó el proyecto Mapping Police Violence (Mapeando la violencia policial) La gente negra es tres veces más propensa que la blanca a ser víctima de la policía en Estados Unidos. Sinyangwe opina que estos no son incidentes aislados.

¿Se podría prevenir este tipo de incidentes?

En EE.UU. existe algo que se llama Vision Zero, un compromiso adquirido por los alcaldes para terminar con las muertes asociadas a los accidentes de tráfico. Pero no se ha visto a alcaldes dar un paso al frente y  comprometerse para eliminar la violencia policial, en especial hacia la comunidad negra. Esto demuestra claramente que para las autoridades, el abuso policial es un tema secundario, al que no se le presta la atención que en realidad merece.

¿Acaso todos estos asesinatos se deben al estereotipo de sospechar de una persona que pertenezca a una comunidad étnica determinada?

Este estereotipo surgió hace algunas décadas, y no se limita a diez agentes ni a cinco puestos de control policial, son sesgos implícitos que se extendieron por toda la geografía estadounidense, y estos sesgos afectan a la decisión de disparar o no, independientemente antes de haber comprobado si el peligro es real, la percepción de amenaza equivocada, solamente así podemos explicar que la policía haya matado a más negros desarmados que blancos armados el pasado año.

Por otro lado, la visión de Seth Stoughton ex policía y ahora profesor de derecho en la Universidad de Carolina del Sur es que el entrenamiento para ser policía debería centrarse más en la resolución de conflictos.

Stoughton: “…La primera regla de la policía es llegar a casa al terminar el turno. El principio clave es la supervivencia del agente, pero eso mismo termina poniendo en peligro a los civiles. La cultura del guerrero, la creencia de que los policías son soldados comprometidos en lucha contra un elemento criminal, tuvo que ver con algunos casos en los que la policía respondió disparando y que terminaron con muertes que podrían haberse evitado…”

¿En realidad se puede llegar a una justicia verdadera?

Si eres negro tienes muchas más posibilidades de que se te aplique la pena de muerte, que si eres blanco. Lo que es una muestra de que el racismo también se introduce en el aparato judicial, es el caso de Reginald Blanton quien fue ejecutado en Texas en el año 2009. Era negro y tenía 28 años de edad. En el año 2000 fue declarado culpable por robo y homicidio, pero sostuvo que era inocente hasta el momento de su muerte. Nunca hubo pruebas materiales que lo vincularan al crimen. Los abogados defensores sostienen que los fiscales se basaron en testimonios forzados y que excluyeron intencionalmente a personas negras del jurado. Darren Wilson responsable del asesinato del joven de 18 años Michael Brown en el año 2014 no fue imputado por ningún cargo, y está en libertad, a pesar de que Michael ni siquiera iba armado, el jurado determinó que actuó en legítima defensa.

En el contexto actual que vive la sociedad norteamericana deberíamos preguntarnos todos, ¿son legítimas y necesarias las luchas por los derechos civiles de las comunidades negras?

Andrés Rodas
FIPU

Encontré vidas humanas destrozadas por desalmados que financian su poder territorial con el cuerpo, en especial de mujeres y niños. Encontré un país que sueña con la paz: sueña que se acabe la mafia que controla hasta los huevos y las arepas que se comen al desayuno.

A Claudia Quintero la conocí en la FIPU. Fue una de sus primeras corresponsales. Y con sus entrevistas y artículos se mantiene vigente, siempre lista, para dar la lucha a las corporaciones mediáticas que manipulan y controlan poblaciones y naciones enteras.

Sin embargo, esta no es la primera guerra que tuvo que enfrentar en Colombia.  Oriunda de Cúcuta, capital del departamento de Norte de Santander y zona limítrofe con Venezuela, siendo muy joven Claudia sobrevivió a los exjefes paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) Jorge Iván Laverde, conocido como ‘El Iguano’, y Salvatore Mancuso, extraditado a Estados Unidos por el expresidente y hoy senador Álvaro Uribe Vélez para evitar la verdad.

Antes de escribir noticias, ella fue noticia con su proyecto Gotitas de Creatividad, una iniciativa que luchaba contra el paramilitarismo que asesinaba a jóvenes que buscaban salidas a la drogadicción en Cúcuta. Pero la lucha era desigual. Las gotitas de arte y creatividad estaban en desventaja frente a las masacres y complicidad de la Fuerza Pública con el accionar paramilitar.  Y en desventaja con el Estado, promotor del paramilitarismo para silenciar y exterminar las voces disidentes.

Con el tiempo muchos jóvenes de Gotitas de Creatividad fueron asesinados o reclutados a la fuerza por los hombres de Mancuso y ‘El Iguano’, mientras en la ciudad las chicas eran obligadas a prostituirse y, posteriormente, también asesinadas o condenadas a ser esclavas sexuales.

Después de varios años enfrentando el paramilitarismo, Claudia estaba en peligro. Iba a ser asesinada.

Una historia de vida que se vuelve páginas en un libro  

Claudia debió abandonar el programa y desplazarse forzosamente a la capital del país, Bogotá. Era el año de 2005. Los paramilitares de las AUC habían decidido declararla objetivo militar. “Era una joven lideresa con un proyecto de niñez. Me vi amenazada por oponerme al reclutamiento de jóvenes y jovencitas por los paramilitares”, recuerda con total nitidez.

Todo cambió para ella. Del calor de su tierra natal, pasó al frío capitalino. El refugio que resguardaba su vida se manifestaba ajeno a sus costumbres, como si estuviese habitando una historia irreconocible, una memoria ajena que la alejaba de los sueños que inició en Cúcuta. “En Bogotá tuve que empezar de ceros, refugiarme en una casa para habitantes de calle y sobrellevar el despojo y el abandono estatal”.

Sin embargo, el exilio no triunfó. Haciendo de la memoria el territorio, Claudia derrotó al destierro. Al llegar a Bogotá rápidamente se articuló al movimiento de víctimas y fundó la Corporación Anne Frank, desarrollando trabajo en pro de los Derechos Humanos y defensa de las víctimas del conflicto social y armado. No obstante esta no sería la única vez que tendría que sobrevivir al exilio. Por su trabajo, nuevas amenazas llegaron. Y Argentina fue su refugio durante varios años.

Por fortuna, hoy de nuevo se encuentra entre nosotros, en Colombia, próxima a presentar oficialmente su libro Bandas criminales y trata de personas: la esclavitud humana como fuente de financiación del paramilitarismo posdesmovilización en Colombia.

El libro, editado por la FIPU, es fruto del trabajo de tres años de investigación que contiene testimonios, datos y cifras que desnudan la complicidad de la Fuerza Pública y sectores del poder político con el paramilitarismo. Procesos judiciales que no avanzan y víctimas de la trata de personas que no son escuchadas por la justicia, son solo algunas muestras de impunidad que Claudia Quintero deja al descubierto sobre un "negocio" que, según cifras de la OIT, deja ganancias de 99 mil millones de dólares al año.

Recuerdos, historia de vida y memoria también son este libro: desde la lucha con Gotitas de Creatividad para salvar a las jóvenes de las manos del paramilitarismo en Cúcuta, hasta los hechos más recientes que permiten que este crimen, la trata de personas, se mantenga y profundice, del mismo modo que los grupos paramilitares no paran de crecer.

Pero este libro, ante todo, es también Claudia Quintero; y con ella es necesario hablar.


Alexander Escobar: Claudia, cómo nace el interés de trabajar en contra de la trata de personas.

Claudia Quintero: En el año 2009 fundamos la organización (Corporación Anne Frank) en Altos de Cazuca (Bogotá), allí empezamos a proteger a la niñez y a los jóvenes víctimas del paramilitarismo. Por amenazas tuvimos que salir y decidimos migrar a la Argentina, al sur del continente.

En Argentina conocí la solidaridad y la realidad de cientos de colombianos que en busca de un sueño caían víctimas de la trata de personas. Empecé a “militar” –como dicen allá a la lucha– en el tema de trata con la RATT, que es la Red Alto a la Trata y con el gran activista de este tema como lo es Fernando Mao.

Me formé con la RATT en el tema de trata de personas, también en tráfico de personas, asistiendo a seminarios y talleres con el Ministerio de Seguridad y con el Senado de la nación Argentina.

A.E.: Qué problemas ha representado este trabajo para ti.

C.Q.: Cada caso trae su añadidura: amenazas, intimidaciones, muchas veces las mismas autoridades se molestan cuando ven mi intervención. He recibido estigmatizaciones de todo tipo tratando de dañar mi credibilidad e imagen. Por ejemplo, han dicho que soy de las FARC, del ELN; y lo último, que me dio hasta risa, es que me acusan de ser del “fundamentalismo Islámico”. Pisa callos las denuncias y los rescates a víctimas.

En algunos casos de trata de personas hay complicidad policial y política, ya te imaginarás cómo es este trabajo. Yo tengo un nivel de riesgo alto, según el Gobierno, pero seguimos luchando.

A.E.: Cuéntame sobre la experiencia de escribir un libro, cómo te trató la pluma y el papel.

C.Q.: En el año 2006 escribí un documento llamado Sin Norte, allí se cuenta la incursión paramilitar en el Norte de Santander hasta el momento de mi desplazamiento forzado. Este documento fue usado por la Corte Suprema de Justicia como fuente para sentencias a paramilitares. También he sido autora de informes como El infierno en la tierra, primer documento que denunció la trata de personas en el centro de Bogotá, sector llamado “El Bronx”; otro documento fue el informe Niñez Robada, entre otros.

Escribir es mi forma de denunciar, de ponerle voz a esas historias que a diario tengo que palpar y que a diario me mueven las fibras de mi alma a continuar.

Escribo para FIPU, me han brindado una oportunidad única para expresarme sin filtro ni censura. Todo esto han sido bases para mi formación en las letras.

Bandas criminales y trata de personas es el caminar de más de dos años, desde que volví a Colombia y empecé a luchar contra la trata de personas. No es un documento académico, pero sí pretende sensibilizar, educar y visibilizar una realidad que sucede en nuestro país y amenaza la paz en las regiones.

A.E.: Qué encontraste durante el tiempo que estuviste escribiendo el libro.

C.Q.: Encontré vidas humanas destrozadas por desalmados que financian su poder territorial con el cuerpo, en especial de mujeres y niños. Encontré un país que sueña con la paz: sueña que se acabe la mafia que controla hasta los huevos y las arepas que se comen al desayuno.

Encontré nóminas paralelas con servidores públicos que usan el poder que les entregamos desde el Estado para permitir la esclavitud humana.

Encontré que para tener una paz completa se debe desmontar ese plan paramilitar que un día se instaló en Colombia y sigue vivo dañando vidas.

A.E.: Hablemos de responsabilidades en la trata de personas en Colombia. Empecemos por la responsabilidad del Estado frente a la persistencia de este crimen.

C.Q.: El Estado colombiano tiene la principal responsabilidad para prevenir, atender víctimas y combatir el flagelo de la trata de personas. En Colombia no hay año con más de 4 condenas por trata de personas. Conozco casos dónde el Fiscal ni sabe que está frente a un caso de trata de personas, porque ni las propias víctimas lo saben. El Estado colombiano tiene un gran reto en el posconflicto y es combatir a los grupos que tiene como fuente de financiación la esclavitud del siglo XXI.

A.E.: La responsabilidad del paramilitarismo.

C.Q.: Los grupos paramilitares, neoparamilitares o emergentes del paramilitarismo, llamados por el gobierno Bacrim (Bandas Criminales), son los principales responsables de la trata de personas interna en Colombia.

Ellos se dieron cuenta que éste, el segundo negocio ilegal más lucrativo del mundo, les podía ayudar a consolidarse en las regiones.

A.E.: La responsabilidad de los medios de comunicación.

C.Q.: Los medios de comunicación, hablando de los informativos, creo que están en formación de cómo abordar los casos de trata de personas. Desde mi trabajo tengo mucho contacto con los medios y hago pedagogía a cada instante. En especial cuando se habla de las víctimas, se debe informar sin revictimizar.

En mi trabajo muchos periodistas han sido aliados de ésta lucha; y sin esa visibilización que hacían a nuestras denuncias, pues no se hubiera podido avanzar un poco, por lo menos en mostrar que “la tal trata sí existe”.

Creo que los medios tienen una gran responsabilidad no solo en mostrar casos, también en la prevención del delito, brindando espacios para campañas de sensibilización.

Respecto a los programas y novelas que se han venido presentando perpetúan la idea de la “prostitución” cómo solución rápida para una vida de lujos y una aparente felicidad. La televisión debe ser más responsable en los contenidos que produce, los retratos de la vida “traqueta” le llena la cabeza de basura a los niños, que al final prepara el camino y facilita la captación por parte de los tratantes.

A.E.: La responsabilidad de la sociedad.

C.Q.: Colombia entera debe conocer el fenómeno, y este es uno de los propósitos de éste libro. Hay ríos de tinta sobre trata de personas, documentos que incluso el Estado paga a expertos, pero estos documentos quedan en bibliotecas u oficinas.

Bandas Criminales y Trata de Personas, será un documento para llevar a los docentes, al policía del CAI (Centro de Atención Inmediata) de la esquina, a los alcaldes, mejor dicho, territorializarlo.

En Argentina, cuando una niña desaparece presuntamente por una red de trata de personas, la gente sale a la calle a protestar y a buscarla, incluso los activistas con apoyo de la ciudadanía hacen los famosos “escraches” donde se van con cacerolas a un prostíbulo y sacan a las niñas que están allá explotadas. Yo sueño una movida así de fuerte en Colombia. Una sensibilidad que rompa las fronteras de la indiferencia y que ayude desde la ciudadanía a combatir éste fenómeno.

A.E.: El 23 de junio, en el marco de los diálogos de paz, en La Habana se firmó un acuerdo entre la guerrilla de las FARC y el Gobierno colombiano para atacar el paramilitarismo y las estructuras criminales que atentan contra la paz y la oposición política, cómo tomas esta noticia, ¿crees que ayudará a combatir la trata de personas? ¿Se materializará la lucha del Gobierno contra el paramilitarismo?

C.Q.: Es un paso enorme e hicimos incidencia desde muchos sectores para que esto quedara plasmado allí. Para construir una paz estable y duradera debemos exigir el desmonte del paramilitarismo, no solo de forma militar, también con políticas que ataque sus fuentes de financiación criminal. Hay que “meterles la mano al bolsillo”, ya que es mucha plata la que producen de la trata de personas, la prostitución y los trabajos forzados.

A.E.: Ahora que tocamos el tema de los diálogos de paz, cuéntame, ¿en la Mesa ha sido tratado el tema de la trata de personas, has tenido algún tipo de diálogo con alguna de las partes?

C.Q.: Específicamente no, se habló de violencia sexual en la subcomisión de género, pero no se tocó el tema de trata de personas. Nosotros hemos enviado la reseña de este documento y lo vamos a entregar a las delegaciones para seguir haciendo incidencia y pedir que en el posacuerdo quede claramente esta lucha.

A.E.: Cómo te imaginas la paz, qué crees que sigue luego de firmar la paz entre el Gobierno y los grupos insurgentes en Colombia.

C.Q.: Me imagino, que ahora que firmemos con las FARC, tenemos que firmar con el ELN y empezar una construcción colectiva del país que soñamos, desde la política y desde la movilización social. Creo que en el posacuerdo es crucial, y lo he reiterado durante toda la entrevista, el desmonte de las estructuras paramilitares.

Llegar a la raíz con estrategias y procesos que dinamicen la comunicación popular como un elemento pedagógico para la construcción de sujetos críticos frente a lo que ven, escuchan y leen: una sociedad capaz de identificar el vómito que el televisor vende e impone como comida.


Poco amigo de asistir a foros me volví con el tiempo. Y si el evento implica viajar, tengan certeza que ello es sinónimo de veto, pues desplazarme más de tres kilómetros resulta una tragedia insoportable. Aparte de viajar, solo hay una cosa que detesto más: que un desconocido empiece a hablarme mientras viajo.

Sin embargo, siempre he sido muy responsable con mis obligaciones, y a ellas respondo con inmediatez no importando el estado de alicoramiento.

En vez de asistir a foros, me acostumbré a conspirar antes y después de su realización. Un bar hasta el amanecer, o una casa con buen café, son lugares de predilección para especular y predecir discusiones, posturas, y analizar qué propuesta será efectiva y qué conclusiones serán solo un formalismo que no tendrá una estrategia o plan de trabajo viable para su ejecución.

Pero como ya dije, nunca evado una responsabilidad, así ello implique viajar de un país a otro, estar una semana por fuera de Colombia y, para rematar, participar de un foro de tres días. No exagero, me sucedió este mes atendiendo mis obligaciones con la FIPU (Federación Internacional de Prensa de los Pueblos).

La tarea encomendada fue de suma importancia: viajar a Quito desde Colombia y participar como delegado de la FIPU, con otros cinco compañeros, en el Foro Latinoamericano y Caribeño de Comunicación Popular y Comunitaria – II Congreso Internacional sobre Comunicología del Sur. Y habían otras órdenes a cumplir: conocer la Iglesia de Las Lajas antes de salir del país y, al pasar la frontera, como primer objetivo, visitar el cementerio de Tulcán. Debo informar que todo fue cumplido a cabalidad.

Volver al debate

El foro trajo recuerdos de discusiones y problemas planteados en otras oportunidades y que aún no están resueltos para los medios alternativos, populares y comunitarios. No obstante, es de entender que la tarea no es fácil, en tanto que desde la comunicación popular se abordan, mínimamente, dos escenarios: uno interno y otro externo.

Al hablar de escenario interno nos referimos al papel que la comunicación juega desde la investigación, la pedagogía y las experiencias y saberes de las comunidades en la creación de vasos comunicantes para el fortalecimiento de los procesos organizativos y afianzamiento del tejido social; y por externo entendemos la visibilización de éstos procesos, sus problemáticas, su ideología, sus luchas, logros y propuestas dentro de un contexto de guerra mediática, lo cual implica el uso de elementos propios de la propaganda, los géneros periodísticos y todos los recursos disponibles que van desde el grafiti hasta el audiovisual, el teatro, la música, la tradición oral y aquello aún por identificar.

Aunque se relacionan y trabajan en forma conjunta o paralela, según el momento, es necesario no confundir estos escenarios. Tampoco olvidar que guerra es guerra, y sobrevivir a ella es una prioridad que a corto plazo implica acciones diarias de efectividad inmediata, ya sea empleando herramientas de carácter informativo, de opinión u otras formas posibles según el caso y capacidad de reacción.

Debe aclararse que lo anterior no excluye la tarea de largo aliento: llegar a la raíz del problema con estrategias y procesos que dinamicen la información y, en últimas, la comunicación popular como un elemento pedagógico para la construcción de sujetos críticos frente a lo que ven, escuchan y leen: una sociedad capaz de identificar el vómito que el televisor vende e impone como comida.

¿Cómo hacerlo?

En la guerra mediática preocupa qué formatos, qué formas y cómo la estética y el contenido encuentran “equilibrio” y efectividad para enfrentar la manipulación de la realidad y el control social, económico, político y cultural que adelantan las corporaciones mediáticas.

La preocupación emerge, principalmente, cuando nos preguntamos si resulta correcto o no utilizar la forma y narrativa empleada por los grandes medios del capitalismo. En este punto es necesario anotar que si bien deben analizarse los formatos que éstos utilizan para la dominación, las técnicas empleadas llevan décadas y, algunas, siglos de desarrollo que fueron apropiadas por las corporaciones mediáticas para lograr su cometido.

Es claro que estos formatos no son únicos ni neutrales, que existen otros y nuevos por crear, pero utilizarlos no implica una “traición” o “incoherencia” cuando los usamos desde la comunicación popular en un contexto de guerra mediática. El reto es cumplir el objetivo de liberación de nuestros pueblos y encontrar una voz propia con sentido ético, “otras sonoridades” en medio de las técnicas, formatos y narrativas empleadas. En la búsqueda de esa voz propia, en el camino recorrido para visibilizar los rostros del pueblo, la relación entre estética y contenido van evolucionando cuando la comunicación popular lo establece como objetivo.

La integración regional

Las dificultades que enfrenta la comunicación popular no implica, necesariamente, un estancamiento de los procesos que vive Latinoamérica y el Caribe para enfrentar la guerra mediática. Es obvio que los avances no son los deseados; si lo fueran ya habríamos derrotado al neoliberalismo y frenado el afianzamiento o incursión imperialista en nuestros países.


Son muchas las experiencias que implican una ganancia importante en práctica y teorización, así como muchas las discusiones que en nada resultan novedosas. Pero esto no solo debe verse como un indicador negativo; es positivo en la medida que nos damos cuenta que las discusiones se repiten porque nuevos procesos emergen y se unen a la lucha, indagándose internamente por aquello que en nuestras organizaciones fue planteado en algún momento.

Una comunicación popular para la integración regional de las luchas de Latinoamérica y el Caribe debe pasar por el rediseño de estrategias. El balance deja aciertos importantes y desaciertos por los nuevos retos que las experiencias del foro, cuya amplia diversidad, y no incluidas en el análisis de muchos o pocos, demandan pensar la acción a partir de un balance aterrizado y con metas cumplibles acordes a nuestras realidades.

Durante el foro confirmamos que existe creatividad, talento humano y procesos novedosos por doquier, del mismo modo que persiste un grado de dispersión de las luchas, ya sea por motivos que incluyen problemas de tipo económico que afectan lo organizativo y logístico, y otros que están presentes porque las agendas regionales se tornan difíciles de cumplir para los medios alternativos, populares y comunitarios que enfrentan la guerra mediática en condiciones de desigualdad.

Sin embargo, las dificultades no son un impedimento para la integración regional. Todo lo contrario. La comunicación popular para la integración regional es un hecho que se confirma en la realización del Foro Latinoamericano y Caribeño de Comunicación Popular y Comunitaria, espacio donde las dificultades y avances de las luchas aportan al diseño acertado de estrategias para continuar una agenda que conduzca a la victoria de los pueblos de Nuestra América. 


Quito, junio 30 de 2016

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