Mocoa, la tragedia que se pudo evitar

Según corpoamazonía, más de 9 mil hectáreas han sido convertidas en potreros, zonas usadas para ganadería extensiva o para cultivos de uso ilícito.

En la madrugada del sábado 1 de abril, Colombia despertó con las imágenes de una devastadora tragedia en el municipio de Mocoa, ubicado en el sur del país en el departamento del Putumayo, una avalancha ocasionada por el desbordamiento de los ríos Mocoa, Mulato y Sancoyaco había sepultado gran parte de la ciudad.

La tragedia que hoy enluta a Colombia deja como saldo, hasta el momento, la muerte de más de 200 personas, cientos de personas heridas y desaparecidas, familias enteras que lo perdieron todo. Este hecho al que autoridades y medios de comunicación oficiales han catalogado como desastre natural, requiere un análisis más profundo.

El departamento del Putumayo es una de las regiones con mayores índices de deforestación en el país; según informes de corpoamazonía más de 9 mil hectáreas han sido convertidas en potreros, zonas usadas para la ganadería extensiva o para cultivos de uso ilícito. Para el director de esa corporación, esta es una de las principales causas de lo ocurrido ya que “cuando quitamos la cobertura vegetal, la tierra, que está compuesta en gran parte por ceniza volcánica, se impregna de humedad y con el agua de lluvia se causan estragos”.

Coorpoamazonía además plantea que este acontecimiento no solamente estaba advertido, sino que se hubiera podido evitar, puesto que hace nueve meses se habían realizado estudios en los que se evidenciaba que el uso inadecuado del suelo podría desatar una tragedia como la que ocurrió: "advertimos que esto podía pasar por el uso inadecuado de los suelos que agrava este tipo de eventos. Además, indicamos que varios municipios amazónicos, incluido Mocoa, no habían actualizado su Plan de Ordenamiento Territorial (POT). Por eso ha sido complejo concertar e implementar los determinantes ambientales en esta zona”.

Este desastre que actualmente vuelca la solidaridad de Colombia, debe llevarnos a la reflexión frente a la necesidad de revisar prácticas que están acabando con el entorno natural; el monocultivo, la minería, la extracción forestal, no pueden seguir siendo prácticas avaladas por las políticas del Gobierno Nacional, mientras que la protección de páramos, reservas y bosques son señaladas y estigmatizadas, tal como ocurrió con la consulta popular en Cajamarca, en la que la población unánimemente dijo no a la minería.

Por: Andrés Rodas / Foto: Conferencia Episcopal de Colombia

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