“Teniente, parecíamos imbéciles matándonos entre nosotros”

Este país confunde el no querer morirse en una guerra con ser santista o simpatizante de la guerrilla.

Desde su cuenta de Facebook, la periodista Andrea Aldana viene desnudando el conflicto colombiano con una serie de diálogos sostenidos con integrantes de la Fuerza Pública, la guerrilla y comunidades afectadas por la guerra. El siguiente diálogo es protagonizado por un integrante de la Fuerza Pública que desempeñaba tareas en Solano, municipio del departamento del Caquetá:

—¿Entonces sentiste rabia cuando ganó el No?
—Rabia no, más bien impotencia. Cuando eso pasó nosotros estábamos en Solano, ¿conoces Solano?
—No.
—Solano es un municipio que queda a orillas del río Caquetá y siempre fue un fuerte de las Farc. Porque hay que reconocerlo, el Estado allá eran ellos, y eso pasaba en varios municipios de este país, no es un secreto. Bueno, cuando ganó el No, fue horrible, todos nos mirábamos asustados, desconcertados, tristes, hasta ganas de llorar daban.
—¿Tristes?
—Sí, y mucha gente llamaba dizque a felicitarnos.
—¿A felicitarlos?
—Sí. Nos decían que como Fuerza Pública debíamos estar contentos. Nadie sabe qué es una guerra si no la ha vivido. A mí me llamaban y yo casi que insultaba y respondía que no tenían idea de qué era vivir bajo el temor de un ataque, un combate, una pipeta. Pensamos que después de eso la guerra se iba a recrudecer. Y nosotros ahí, en Solano, puro territorio de Farc. No te imaginas cómo se siente cuando se pierde la esperanza.
—¿Y la recuperaron?
—¿Qué?
—La esperanza.
—Uy, sí. Cuando el congreso refrendó el acuerdo, te lo juro, casi hicimos fiesta. Pero nos tocaba calladitos, disimular. Este país confunde el no querer morirse en una guerra con ser santista o simpatizante de la guerrilla.
—¿Creíste que la guerrilla iba a cumplir?
—Al principio no. Yo creo que nadie pensaba que el proceso se iba a dar. Pero luego los vimos caminar hacia las zonas veredales. A mí me tocó escoltarlos. Fue impactante ver que eran campesinos; hombres y mujeres campesinos. Y todavía llevaban fusiles, pero no había hostilidad.
—¿Y ahí empezaste a creer en el proceso?
—Sí y no. No fue ahí exactamente, fue cuando llegaron por el río. Eran muchos, y cuando llegaron en sus embarcaciones, el que era el comandante se bajó, se acercó a mí, y yo estaba serio; sosteniéndole la mirada. De pronto se quitó la gorra, me extendió la mano, y me dijo: «Teniente, parecíamos imbéciles matándonos entre nosotros».
—¿Y qué hiciste?
—Le estreché la mano y respondí: «Completamente».

Por: Andrea Aldana | Foto: Archivo / NC Noticias

Publicar un comentario

[disqus][facebook][blogger]

MKRdezign

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con la tecnología de Blogger.
Javascript DisablePlease Enable Javascript To See All Widget