REMAP

Todas las publicaciones
1ro de Mayo 4CongresoFEU 9 de Abril Abuso sexual ACASA AFP África agro Agropatía Alejandro Ordóñez Alexander Escobar Alternativa Popular Álvaro Leyva Álvaro Uribe Ambiente Amigos de la Paz Ana Maritza Ramírez Análisis Urbano Andrea Aldana Andrés Camacho Andrés Gil Andrés Rodas Ángela Suárez Patiño Angye Gaona ANLA Antonio García ANZORC APA Argentina Ariel Ávila Armando Palau Aldana Arte y Cultura Artistas por la paz Asamblea Constituyente Ascamcat ASTRACAVA Audiencia Pública Audios Avanza Colombia Barrial Bolivar Bolivia Boro Buenaventura Buga Byron Salazar Cabildo Abierto Cabildos Caldas Cali Campesinado y política agraria Caquetá Carlos Alberto Sánchez Collazos Carlos Gaviria Carlos Lozano Carlos Lugo Carlos Pedraza Carmen Elena Villacorta Carmen Rosa Aramburo Catatumbo Resiste Cauca CCVC Cenpaz Cesar César Gaviria Cese al fuego Chocó CIA Ciudades Claudia Julieta Duque Claudia Quintero CNMH COCCAM Colombia Humana Comisión de la Verdad Comosopol COMUNES Conflicto territorial Congreso de los pueblos Congreso de paz CONPI Constituyente constituyente campesina Constituyentes Contagio Radio Contienda electoral Contra el Acuerdo 2034 Contravía Convergencia Coopripaz coordinación campesina del valle del cauca Coordinación Medios Alternativos Coordinadora Estudiantil Univalle COPAN COPAN extraordinario Corea del Norte Corrupción CPDH CPV Cromatophoro Crónica Cuba Cumbre Agraria Cumbre por la paz Daniel Bajaña Daniel Coronell DAS David Albarracín David Escobar David Rabelo DEA Defendamos la Paz Deporte Derechos Humanos Desaparecidos Diálogos de Paz Diana Jaramillo Diana María Rengifo Dilián Documentales Doris Rivera Doris Suárez Econoticias Ecopetrol Ecuador Eduardo Galeano Eduardo Pizarro Educación Educación y estudiantes EFE Ejército El Campo El Espectador Elecciones 2019 Eliécer JIménez Julio ELN English Enrique Santiago Enrique Santos Entrevistas Érika Ortega Sanoja ESMAD Estado Islámico Estados Unidos Eva Golinger Evo Morales Falsos positivos Farc Fascismo Feliciano Valencia Fensuagro Fernanda Sánchez Jaramillo Fernando Vallejo festival de música campesina FEU FIPU Florida Formación Foro Social Urbano Alternativo y Popular Fotos Francisco Toloza Franco Vielma Fred Núnez Freddy Agudelo Frente Amplio Funuvida Garantías Políticas Genocidio Ginebra Giorgio Trucchi Gobierno Golpe de Estado Grupo de Energía de Bogotá Guacarí Guajira Guerra económica Haití Harold Ordoñez Hekatombe Hernán Durango Hip-Hop Horacio Duque Giraldo Hota Huber Ballesteros Hugo Chávez Hugo Ramírez Burgos Huila Ignacio Ramonet implementación INCODER Indígenas y afros Indígenas y Campesinos Inernacional INPEC INSPP Internacional Intervencionismo IPC Irak Irán Isabel López Obando Israel IX Festival J. Marcos Jaime Garzón Jamundí Jan Farid Cheng Lugo Javier Giraldo Jeb Bush JEP Jhon Freddy Grisales Jorge Enrique Botero Jorge Pretelt José Antonio Gutiérrez José Marulanda José Salcedo Jóvenes Juan Alejandro Echeverri Juan G. Bermúdez Juan Sebastían Barragán Julian Asange Justice for Colombia Juventud Rebelde Kenedi Campo Kiko Gómez L'etincelle La Haine La Morada Feminista La Oreja Roja Lanzas y Letras Larga vida a las mariposas Lazos de Dignidad Letincelle Libardo Orejuela Libertad de Prensa Liliany Obando Liseth Montero Lucas Carvajal Lucas Restrepo Orrego Lucía Aguirre Luis Alfonso Mena Luis Eduardo Jiménez Luz Betty Jiménez Luz Emilse Romero MANE Marcela Belchior Marcha Patriótica María Alejandra Rodas Marino Grueso Medios Medios de comunicación Megaproyectos Meta México MIA Miguel Ángel Beltrán Minga Nacional Minga Social Misión Vedad Montajes judiciales Movice Movilizaciones Movimiento Carcelario Mujeres y género Nacional Carcelario Nagham Salman Narcotráfico Nariño Natalia Springer Natalia Vinasco Naya Nazareth Balbás Noam Chomsky Noticias Noticias Paro Nacional Universitario Noticias Uno OEA Omar García ONIC ONU Opinión ORIVAC Oscar Escobar OTAN Pablo Borrero Pablo Catatumbo Pablo Serrano Página Popular Palestina Palmiguía Palmira Pandemia Paola Fernández Paramilitarismo Paramilitarismo informático Paro Agrario Paro del Pacífico Paro Minero Paro Nacional Paro Nacional Universitario Partido Comunista Partido Verde Pastoral Social Patoral Social paz Paz con Justicia Social Pazífico Noticias PCPV PDET Pepe Mujica Periferia Petro Piedad Córdoba Poder Ciudadano Polo Popayán. Pradera Prisioneros políticos Proactiva Proceso de Paz protestas PUPSOC Putumayo Qantu Rapso Rastrojos Rebeca Rodríguez Recomendado Reconciliación Colombia REDDHFIC REMAP Renán Vega Resumen Latinoamericano Revista Semana Risaralda Rogelio Osorio Rompiendo Cadenas RPASur RPAZ RT Rusia Sabores y Saberes Salomón Kalmanovitz Salud San Vicente del Caguán Sancocho Fest Sandra Castro Santiago Mayor Santrich Sara Leukos Semanario Voz Sentido Real Servicios Públicos Sevilla Shameel Thair Silva Siloé Silvia Arjona Silvio Rodríguez Sin señal Sintradit Sintraemcali Sintraserviaseo Siria Smurfit Soberanía Alimentaria solidaridad Sputnik SUGOV Suroccidente Suyana Talleres Tania Ospina Taser teleSUR Tercer Canal Terrorismo de Estado Timoleón Jiménez TLC Trabajadores Transporte Trata de personas Tuluá TV Alternativa Bolivariana Unai Aranzadi UNAL Palmira Unasur UNICAUCA Unidad popular Unión Patriótica Univalle Univalle Palmira Universidad del Valle Universidad Libre UP USACA V Festival Valle del Cauca Veeduría Social Veedurías Venezuela VI Festival de Teatro Videos VII Festival Teatro Vivienda WikiLeaks William Espinosa William Whitney Jr. Wilson Sánchez X Festival XI Festival Yira Bolaños Yo te nombro Libertad ZRC

Este martes 22 de septiembre, a partir de las 8 a.m., se llevará a cabo la Caravana por la vida y la paz, como un acto de acompañamiento al NAR (Nueva Área de Reincorporación) en el sector de Mandivá, en Santander de Quilichao. Allí hombres y mujeres en proceso de reincorporación vienen apostándole a la construcción de paz a través de propuestas productivas y comunitarias, pese a los incumplimientos, a la falta de garantías y, ahora, a las amenazas de muerte que recibió la junta directiva de la Cooperativa COOMAMCE (Cooperativa Multiactiva Agropecuaria de Mandivá Cauca Ecomún), la cual lidera iniciativas de reincorporación en el territorio.

 

“Esta caravana surge como una forma de manifestar la solidaridad por las amenazas que le han hecho a la directiva de la cooperativa COMAMCE, como un gesto humanitario, un gesto de solidaridad, y al mismo tiempo para mandar un mensaje al Gobierno departamental y nacional de nuestro compromiso con la paz, con la reconciliación y con la reincorporación a la vida civil”, plantea Wilson Ramírez Guzmán, representante legal de la cooperativa COMAMCE

 

Y es que la situación de seguridad en la que se encuentran líderes sociales y personas en proceso de reincorporación es crítica, según el último informe de Indepaz, en lo corrido del 2020, hasta el 15 de julio habían sido asesinados 166 líderes sociales y/o defensores de DD.HH. y 36 excombatientes de Farc-Ep firmantes del Acuerdo de Paz. Uno de los departamentos con el panorama más complejo en términos de asesinatos y amenazas es el Cauca.

 

Ante este dramático panorama la respuesta del Gobierno Nacional ha sido casi nula. Además del incumplimiento y el abandono con el que deben lidiar todos los días los firmantes de paz para llevar a cabo sus proyectos productivos e iniciativas comunitarias, deben enfrentarse a amenazas de muerte sin ninguna garantía de seguridad.

 

“Es que las comunidades, y sobre todo las personas en proceso de reincorporación se encuentran en un peligro latente, por lo que han venido pidiendo protección a la UNP (Unidad Nacional de Protección). Hace más de dos meses se les aprobó un esquema de seguridad colectivo, pero este no se ha implementado, nosotros sabemos que esta no es la solución absoluta, que esto también requiere presencia del Estado, pero puede ser un disuasivo, hace parte de la seguridad de ellos, de saber que pueden entrar y salir de la zona, sabiendo que hay gente que los está cuidando, pero hasta el momento no ha sido posible su implementación”, expresa Luis Fernando Enríquez, integrante de la comisión de Derechos Humanos del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común.

 

Con esta caravana se busca visibilizar la crítica situación que se vive en materia de seguridad en el departamento del Cauca y en el suroccidente del país, además de acompañar y solidarizarse con quienes, a pesar de todos los obstáculos, siguen empeñados en la construcción de paz desde los territorios y con las comunidades.

 

Haciendo un llamado, quienes vienen acompañando los procesos de reincorporación y construcción de paz, invitan a participar este martes 22 de septiembre de la Caravana:

 

“Invitamos a toda la comunidad, a los líderes a las lideresas, a comunidades indígenas y afros a que nos acompañen, que podamos estar presentes en el acto simbólico demostrando nuestro apoyo al proceso de paz y nuestra preocupación por las vidas de excombatientes”.

 

Equipo de comunicaciones

Coordinación de formas asociativas del suroccidente “Wilson Saavedra”

Coordinación "Wilson Saavedra"

Derrumbar ídolos es derrumbar ideologías o, por lo menos, confrontarlas. Es fácil entender entonces por qué grupos económicos y pequeñas élites políticas se rasgan las vestiduras al conocer que en Popayán, indígenas del Pueblo Misak, derribaron el monumento de Sebastián de Belalcazar, cuya imagen rinde culto a la barbarie perpetrada por la Corona de España contra los pueblos indígenas.

Estos grupos y sectores no contemplan que se cuestione su poder, su dominación sobre clases oprimidas, masacradas y explotadas. Para ellos, la estatua de Sebastián de Belalcázar deriva en símbolos de represión, autoritarismo y fascismo que necesitan promoverse para que toda forma de brutalidad sea aceptada bajo la excusa de “mantener el orden”, es decir, sostener la barbarie con ríos de sangre provocados por la Fuerza Pública.

Puede verse, de este modo, que la estatua de Sebastián de Belalcázar, como muchas otras del país, llevan consigo una doctrina de clases elitistas que se otorgan el derecho de asesinar y reprimir para conservar el poder, así como mantener sus privilegios obtenidos a través de masacres contra pueblos y comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas.

De las masacres y barbarie perpetradas durante las épocas de la conquista y la colonia, a las perpetradas por el paramilitarismo, podemos encontrar coincidencias entre el modelo monárquico y el modelo neoliberal, pues la instauración de estas formas de dominación, con todas sus diferencias, se imponen por la vía de la aniquilación, el amedrentamiento y sometimiento de quienes no pertenecen a clases sociales y grupos económicos, tanto nacionales como trasnacionales, que históricamente han sido excluidos de la política.

Para que el neoliberalismo lograra avanzar y posicionarse en Colombia en la década del noventa, bajo el gobierno de César Gaviria, necesitó arremeter salvajemente contra la oposición política y cualquier forma organizada que defendiera el patrimonio público, la soberanía nacional y luchara por derechos sociales. Para ello recurrió a la estrategia paramilitar que, combinada con el narcotráfico, el crimen organizado y bandas sicariales, tiene como misión reducir al máximo cualquier brote de inconformismo.

Amedrantando, asesinando y masacrando imponen control territorial, donde rebelarse contra la injusticia es un hecho valiente y digno que resiste en el tiempo, aunque sin ninguna contundencia en las calles para sacar del poder a las élites que gobiernan.

Cada vez que la lucha y el movimiento social tienden a fortalecerse, de igual manera la barbarie paramilitar reaparece modificando algunas de sus formas operativas, pero jamás cambiando sus objetivos: mantener a una clase elitista y ciertos grupos económicos en el poder, cobijados bajo el modelo neoliberal que expropia lo público, la soberanía y el buen vivir.

Por tanto no es de extrañarnos que esta clase privilegiada se escandalice cuando los ídolos de la barbarie son confrontados y derribados, puesto que Sebastián de Belalcázar encarna la ideología de la dominación, represiva y asesina, que justifica el uso de la fuerza contra quienes se oponen a la injusticia. Esa ideología es la que hoy gobierna en la Fuerza Pública bajo la doctrina de la sumisión que obedece al poder reinante.

Es así como Belalcázar constituye el mejor ejemplo para comparar la brutalidad policial en Colombia, puesto que representa el guerrero sin ética, que no cuestiona las órdenes de sus mandos y que aplica la barbarie para cumplir la misión encomendada por el poder: masacrar y reprimir poblaciones y grupos humanos para obtener por la fuerza un territorio, o para mantenerlo bajo su poder de forma indeterminada para favorecer a una élite mafiosa, asesina y privilegiada.

Al poder asesino no se cuestiona, al igual que no se cuestiona la estatua de Belalcázar que termina representando, en el contexto actual, el monopolio de las armas, su uso represivo y salvaje, contra un pueblo que debe permanecer dominado. De este modo la brutalidad policiaca en Colombia es continuación de esos símbolos, esas estatuas y monumentos que en plazas y sitios emblemáticos del país, sin ningún tipo de ocultamiento, nos miran desde arriba como Sebastián de Belalcázar, escupiéndonos en la cara y recordándonos que nuestros opresores continúan en el poder, en firme como las estatuas que defienden e imponen para colonizar los territorios mentales de la sociedad.

Dejar de decir “arte” para justificar la barbarie

El arte puede evocar lo cotidiano, la historia y memoria de una sociedad en un momento determinado. Cuando obras como la estatua de Belalcázar, que reposaba en el Morro de Tulcán de Popayán, son vaciadas de contenido y analizadas solo bajo una función estética, de historia de una técnica o trayectoria de un autor, éstas se convierten en meros adornos decorativos funcionales al ego de una civilización sin memoria, que muestra su fachada pero que no abre la puerta porque teme que el mundo conozca sus atrocidades y estupideces.

La estatua de Belalcázar no puede ser vaciada de los significados, simbologías y contextos en que se realiza y se mueve para permanecer en el tiempo, del mismo modo que no puede desprenderse de su función estética.

La estatua de Sebastián de Belalcázar indudablemente es una obra artística (una que de ser escultor jamás hubiera hecho), pero al igual que otros símbolos y monumentos que son sinónimo de enaltecimiento de la barbarie y la opresión, debe ubicarse en un lugar para tal fin, quizá un museo con un recorrido guiado donde el contexto, la historia, memoria y lucha de nuestros pueblos indígenas y afrodesciendes que resistieron al genocidio de la Corona española, no se pierda ni se agreda bajo la excusa, intelectauloide y acomodada al poder, de conservar, restaurar y proteger una obra artística.

Los símbolos de la barbarie deben reemplazarse por un arte de la memoria y la dignidad, fruto de convocatorias artísticas y encuentros con comunidades que deben dar vida a nuevas estatuas y monumentos que ocupen el lugar de ídolos de la muerte y la opresión. Mientras esto no ocurra, y se carezca de voluntad para adelantar este tipo de procesos, toda estatua de Belalcázar y demás asesinos y opresores deben caer, porque debemos heredar a las generaciones futuras y presentes un modelo de sociedad que enaltezca la vida y no la muerte, que promueva la libertad y no la represión, que avive la lucha y no la sumisión.

Por: Alexander Escobar



Diferentes procesos y comunidades vienen gestando en Cali iniciativas para la defensa del derecho a una vivienda justa y digna para poblaciones que, históricamente, han sido despojadas de sus tierras por actores estatales, empresariales y paraestatales.

Muchas de estas expresiones organizativas se encontraron el pasado lunes 14 de septiembre de 2020 en las afueras del Hotel Cosmos sobre la Avenida del Río, entre las que se destacan el movimiento de los Sin Techo Cali, la comunidad del sector de la Viga en Pance (desalojada violentamente por el ESMAD de la Policía Metropolitana de Cali al mando del Alcalde Jorge Iván Ospina) y la comunidad de Abosqueceres del sector contiguo al Cementerio Metropolitano del Sur,  las cuales realizaron un plantón pacífico por el derecho a la vivienda y en rechazo a las actuaciones violatorias de los Derechos Humanos llevadas a cabo por la Policía en todo el país, especialmente en Bogotá, en donde asistimos a una semana de represión y asesinatos cometidos por esta fuerza del Estado contra manifestantes indefensos.



Esta lucha por la vivienda en Cali reivindica la dignidad como elemento esencial del ser humano y la ciudadanía. Lucha que no es nueva. En la historia, las migraciones de poblaciones esencialmente provocadas por la violencia política en las zonas rurales, principalmente del suroccidente del país durante el Siglo XX, ha generado asentamientos, y con ellos luchas por la vivienda como un derecho humano fundamental y necesario para disminuir las brechas sociales, la falta de acceso a la tierra; y tal como ocurre ahora, los pobladores siguen siendo vulnerados por las élites mafiosas, políticas y económicas de la ciudad y la región.

Durante la jornada, estos movimientos y procesos por el derecho a la vivienda en la ciudad de Cali, llevaron a cabo una audiencia con autoridades administrativas como la Secretaría de Vivienda Social y Hábitat, la Secretaría de Seguridad y Justicia y la Secretaría de Paz y Cultura Ciudadana de Santiago de Cali. Allí se esperaba la presencia del alcalde Jorge Iván Ospina, quien no llegó a dialogar con estas comunidades y tramitar directamente sus justas exigencias de vivienda digna con salud, educación y oportunidades de trabajo en el marco de una Política Pública de Vivienda construida democráticamente con estas poblaciones históricamente excluidas y vulneradas por una institucionalidad alejada de sus realidades.

A manera de balance, voceros del movimiento de Los Sin Techo Cali manifestaron que "se logró comprometer a estas secretarías a visitar a la comunidad de Abosqueceres, quienes actualmente se encuentran amenazados de ser desalojados violentamente, como pasó en días anteriores con la comunidad de La Viga. También se logró sacar adelante la intención de conformar una mesa de concertación y acuerdo con todos los procesos que están en amenaza por el tema de desalojos y con todas las organizaciones de viviendistas de la ciudad, donde la Secretaría de Vivienda se compromete a que se formalice este espacio, con el objetivo de revisar los protocolos en materia de derechos humanos en los desalojos con previas alternativas de vivienda digna".

Finalmente, se resalta que las comunidades amenazadas de ser desalojadas de sus viviendas, las organizaciones de viviendista y Los Sin Techo de Cali, expresan que “continuarán esta lucha ardua por el legítimo derecho a la vivienda digna y se solidarizan con las diferentes luchas sociales en la ciudad y el país que permitan confluir en un gran movimiento ciudadano que lidere y promueva las necesarias transformaciones que la ciudad, la región y el país necesitan y anhelan”.

Por: Anthony Garcés


Sin cambio es los factores que originaron una política criminal, no existe posibilidad de reconciliación, solo formas protocolarias de apaciguar ánimos y descontentos para esconder una problemática y lavar la imagen de una tiranía. Colombia es experta en estos modelos de disuasión que primero dispara y asesina, y luego hace que el olor a sangre, plomo y pólvora parezca fragancia de jazmines.


La función paramilitar de la Policía alcanzó su mayor visibilidad el 9 y 10 de septiembre, cuando en Bogotá la indignación ciudadana se tomó las calles para reclamar por el abogado Javier Ordoñez, a quien la Policía asesinó torturándole con descargas eléctricas y golpeándolo en la cabeza hasta matarlo.

Más de una decena de personas masacradas, en su mayoría jóvenes, y cerca de doscientos manifestantes heridos, setenta y dos por arma de fuego, es el balance criminal dejado por la policía en solo 48 horas, donde cifras oficiales reportan 119 casos de abuso policial documentados, y hora y media de video como prueba.

Pero a pesar de estas cifras, y otras anteriores que incluyen hasta violaciones a niñas menores de edad, el Gobierno llama a “no generalizar”, y habla de “individualizar” a las manzanas podridas porque “la institución no tiene la culpa”. No, todo lo contrario. Hay que individualizar es a la gente buena que trabaja en la Policía, porque el resto, la institución, es la podredumbre.

La tortura y la muerte, asesinar con sevicia, no son efectos descontrolados del régimen uribista, son prácticas comunes de instituciones policiales cuya función es sostener a déspotas en el poder. Sangre y dolor para quienes desafían la autoridad, es la práctica paramilitar en manos de la Policía que obedece a su amo: la ultraderecha comandada por el uribismo.


No obstante, no hay de qué preocuparse, la sangre se lava y el dolor se adormece con seudopactos de convivencia y perdón entre la comunidad y la Policía que se televisan en directo, con acompañamiento de mandatarios cuya única preocupación es el futuro de un neoliberalismo que pueda continuar saqueando con tranquilidad, cuando el uribismo ya no esté en el poder.

A esta canallada hoy le llaman “reconciliación”, una posición tibia que dice sí pero no, que dice que la Policía es culpable, pero luego lava su imagen dando espectáculos que solo son el ocultamiento de la barbarie, pues no habrá cambio en la estructura y doctrina de los cuerpos policiales que cumplen funciones represivas y paramilitares.

Así se convierte la reconciliación en un show de la impunidad que, además, se utiliza para estigmatizar a quienes no acceden a dar la mano al victimario, porque no estar a favor de estos juegos de la infamia es quedar crucificado ante la opinión pública como un “vándalo” que atenta contra la convivencia.

Manipulando el discurso de la reconciliación se pretende despojar al pueblo del derecho a indignarse, y de mantener esa indignación hasta que las estructuras y doctrinas de la Fuerza Pública cambien, algo que solo será posible cuando la indignación haga posible que caiga la ultraderecha, o cuando logremos un Gobierno que permita reconciliarnos bajo acuerdos basados en el cambio de esas estructuras (políticas, económicas, sociales y policiales) que oprimen y asesinan al pueblo con balas y miseria.

Por: Alexander Escobar

Desde el mes de julio se adelantan talleres del proyecto Memoria y saberes con voz de juventud, una iniciativa que, a través del periodismo escrito, busca afianzar saberes, tradiciones y, en últimas, la cultura y memoria de Palmira.

En su primera fase, el proyecto comenzó de manera virtual con jóvenes que habitan el sector urbano, y desde este sábado, 5 de septiembre, inició de manera presencial en zona rural del municipio.

El proyecto fue formulado y es coordinado por el periodista y documentalista Alexander Escobar, y hace parte de las iniciativas cofinanciadas por el Programa Municipal de Concertación Cultural de Palmira.


“Arrancamos este fin de semana talleres presenciales en el corregimiento de Tienda Nueva. Tanto en su modalidad virtual y presencial, el proceso de formación se extenderá hasta finales de este mes. Y ya para mediados de octubre, el proyecto dará sus frutos: escritos de la juventud palmirana que rescatan la cultura, los saberes y memoria del municipio”, afirmó Alexander Escobar, coordinador de la propuesta.

La iniciativa, que también es apoyada por la Junta de Acción Comunal de Potrerillo, la Fundación Escénica y Cultural El Teatro Vive, y la Red de Medios Alternativos y Populares (REMAP), ha sorteado dificultades que llenan de experiencias los procesos de formación.


“Ha sido difícil adelantar el componente virtual del proyecto. Cuando se realizan convocatorias abiertas, no siempre quienes se inscriben tienen la disponibilidad de tiempo mínima que requieren este tipo de procesos, o porque su interés y prioridades reposan en otros lugares. Muchas personas se inscriben por curiosidad, y se termina con cifras infladas de participación, un globo que se revienta durante el transcurso de los talleres”, explicó el coordinador.

De la virtualidad también hay aprendizajes porque “es una experiencia nueva a la que llegamos por necesidad, tanto económica como creativa, en el sentido de no dejar que muera el arte, en este caso, los procesos de escritura y recuperación de saberes. Y al igual que lo experimentó el sistema educativo, se deben duplicar días y más encuentros virtuales de los que se tenían propuestos, ya que las personas están lidiando con una pandemia que altera su vida y sus ritmos de sobrevivencia y desenvolvimiento social”, concluyó Alexander.


Los trabajos finales serán dados a conocer en la página web del proyecto. De igual manera también quedarán consignados en una revista virtual para libre descarga. De esta forma se garantizará el acceso a cualquier persona del mundo que tendrá oportunidad de conocer más de Palmira y su cultura.

Redacción REMAP


En las sociedades actuales es común sentir una constante vigilancia en todos los espacios que frecuentamos. Al salir de nuestros hogares, lo primero que encontramos en la calle es al celador de la cuadra, una cámara en lo alto de un poste de luz, las cámaras de fotomultas, las señales de tránsito que nos indican qué hacer y en qué momento hacerlo. Llegamos a nuestros lugares de trabajo o estudio y somos monitoreados por dispositivos de video que registran hasta la manera como masticamos el chicle. Si al terminar la jornada, pasamos por el supermercado, hay un número “imperceptible” de ojos puestos sobre nosotros: personal de vigilancia, cámaras, espejos convexos, etc. Todos nuestros comportamientos están determinados por la supervisión de un gran ojo que todo lo ve, pero que muchas veces no puede ser visto.

La innovación de los sistemas de vigilancia con dispositivos cada vez más avanzados, ha permitido que incluso en lugares como los centros educativos se instalen cámaras para monitorizar a sus estudiantes en distintos espacios de los planteles, aquellos que se adaptan para el aprendizaje, el esparcimiento, la práctica científica y deportiva, hoy disponen de cámaras que, a consideración de muchos, invaden la privacidad de los custodiados.  

Tal como lo expresó Foucault en su obra “Vigilar y castigar”, existe un sistema que rige conductas y para ello se vale de técnicas que controlan las actividades cotidianas de los individuos. Bajo la justificación de garantizar una “buena disciplina”, se utilizan medios de control como la vigilancia jerárquica que, para este caso, se materializa en cámaras que hacen las veces de ese ente que todo lo ve. No obstante, la instalación de dichos aparatos no es el único dispositivo de vigilancia presente en las escuelas y colegios, pues, al igual que en los centros penitenciarios, la estructura arquitectónica es el panóptico, un modelo heredado del medioevo monástico al que se refería Foucault en su obra más conocida. Es decir, que desde la forma como fueron diseñados y construidos, hasta las últimas medidas de seguridad impuestas, los centros educativos y penitenciarios guardan similitudes; ello resulta una paradoja, teniendo en cuenta el propósito de cada uno y la población que asiste.

Con lo anterior no quiero decir que un colegio es igual a una cárcel, pero sí que sus sistemas de vigilancia y control tienden a usar los mismos métodos y herramientas. Así, se tienen jóvenes obedeciendo normas solo porque se sienten permanentemente vigilados, y no porque exista una convicción auténtica y real de las conductas correctas e incorrectas.  Además, los comportamientos naturales de los estudiantes, como correr por un pasillo, jugar con agua en el baño, o incluso darle un beso al novio en algún rincón del salón de clases, ya son pensados dos veces, porque no faltaría el llamado de atención por el ojo ‘sapo’ de una cámara de vigilancia.

El problema no radica en que los planteles educativos tengan monitorizados a sus estudiantes comiendo papitas en el descanso, sino que detrás de ese hecho, existe todo un sistema social, político y cultural, aquel que nos dio a conocer George Orwell en “1984”, una entidad que controla y vigila tanto como le sea posible.

Por: Tania Ospina* 

____________
*Tania Ospina es comunicadora social y participa de los talleres de periodismo escrito del proyecto Memoria y saberes con voz de juventud, iniciativa seleccionada por el Programa Municipal de Concertación Cultural de Palmira, que dirige el periodista Alexander Escobar, integrante de la Red de Medios Alternativos y Populares (REMAP).

**El título del artículo, El Gran Hermano, hace referencia al personaje de la novela 1984 de George Orwell, un gobernante autoritario que solo es visto a través de sistemas de vigilancia y control conocidos como la "telepantalla" (Nota de REMAP).

MKRdezign

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con la tecnología de Blogger.
Javascript DisablePlease Enable Javascript To See All Widget