julio 2019
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La democracia fue convertida en un banco que sirve de caja menor a la corrupción. Aunque el calificativo de “menor” se aparta de toda realidad, pues de manos de la clase política vivimos el saqueo más despiadado y descarado que entrega la soberanía a particulares e intereses corporativos transnacionales.

Si se desea ser un demócrata ejemplar, hay que poseer el capital que permita entrar en ese círculo selecto de gobernantes “elegidos por el pueblo”. Porque es así como el sistema electoral colombiano traza las reglas del juego, tal como sucede con los comités inscriptores que recogen firmas para inscribir candidatos sin afiliarse a partido político alguno, iniciativas que son de carácter cívico, comunitario y social, pero que también fueron tomadas por la clase política corrupta para tratar de lavar su imagen al mostrarse como independientes o por fuera de la corrupción que les ha lucrado.

Para inscribir candidaturas por firmas la ley exige como garantía una “póliza de seriedad” que, para el caso de candidaturas al Concejo, oscila entre 10 y 200 salarios mínimos mensuales vigentes. En el caso de Palmira la póliza asciende a más de 80 millones de pesos (100 salarios), valor sobre el cual el sistema financiero impone a su antojo un porcentaje a modo de garantía (CDT) para expedirla.

Por esta razón el comité inscriptor de Colombia Humana Nodo Palmira (Palmira Humana), grupo significativo de ciudadanos que integra en la ciudad de Palmira el movimiento político liderado por Ángela María Robledo y Gustavo Petro, radicó el 5 de julio una acción de tutela contra La Previsora, compañía de seguros que exige una contragarantía por el 70% del valor asegurado.

Si tomamos como referente los 100 salarios mínimos mensuales, estaríamos hablando de una contragarantía de más de 57 millones de pesos, un patrimonio que ningún ciudadano del común tendría como prenda de garantía para adquirir la póliza, cuyo costo tendría un valor aproximado, además de la contragarantía, de 5 millones de pesos o más, según estudio que elabora la compañía aseguradora.

De este modo el sistema financiero, en este caso la compañía aseguradora La Previsora, aparece ejerciendo una posición de poder que condiciona la participación política electoral al exigir la multimillonaria contragarantía, conducta en la cual la Corte Constitucional, en Sentencia T-117/16, ordenó a La Previsora abstenerse de incurrir nuevamente, en tanto que viola derechos fundamentales de participación política.

Tal como explica el abogado Carlos Cardona, apoderado de Palmira Humana, “el comité inscriptor se encuentra en una condición de indefensión porque no tiene ninguna entidad a donde recurrir para garantizar sus derechos políticos y evitar que La Previsora, en ejercicio de su posición dominante, exija contragarantías que han sido expresamente prohibidas, no solamente por el Consejo Nacional Electoral, sino también por la Corte Constitucional”.

Sin embargo, la aseguradora continúa exigiendo la multimillonaria contragarantía, afirmando, a través del consultor de La Previsora Mauricio García Cortés, que el fallo de la Corte Constitucional es solo una exhortación, “y que el exhorto es una mera invitación mas no es un mandato”, afirmación alejada de la realidad, puesto que el fallo exhorta es a la Superintendencia Financiera para que informe regulando este tipo de conductas que atentan contra la participación política, mientras que a La Previsora sí ordena abstenerse de exigir contragarantías.


Estas conductas evidencian que el sistema de inscripción de candidaturas mediante recolección de firmas no cumple la función de abrir escenarios de participación política a la gente del común, puesto que se convierte en un mecanismo para que sean los grandes capitales, al igual que en el resto del sistema electoral, los que se impongan.

“En este caso, lo que está ocurriendo es que el Estado no está garantizando a las personas el acceso a una Democracia, y está trasladando este poder a las entidades privadas, y más que a las entidades privadas, al sistema financiero. Y por supuesto, el sistema financiero no está interesado en que se generen nuevos actores políticos, afirma Carlos Cardona.

Hoy la inscripción de candidaturas al Concejo de Palmira Humana se encuentra en riesgo, ya que mientras esperan el fallo contra La Previsora, puede ocurrir que los tiempos no alcancen para que cumplan con los requisitos de inscripción, para los cuales solo hay plazo hasta el 27 de julio.

El sector privado, específicamente el sector financiero, es el que en últimas va a decidir sobre quiénes participan o no en el sistema electoral, algo que atenta contra la democracia en Colombia”, expresa el abogado de Palmira Humana.

Son este tipo de situaciones, y otras discusiones más profundas, las que llevan a pensar que la democracia en Colombia, sus estructuras, reglas, controles, fantasías y promesas, fue un sistema político que, al desconocer diferentes contextos, al parecer, nació jubilado luego que siglos después saliera del ágora griega a predicar su evangelio sin importar el tipo de cultura, credo o cosmogonía de los pueblos latinoamericanos.

Por: Alexander Escobar


El Suroccidente colombiano registra el 9,4% del total de desaparecidos en Colombia. La UBPD adelanta allí sus labores para dar respuesta a las víctimas.


Luz Marina Monzón, directora general de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) anunció el inicio del trabajo de esta entidad en la región Suroccidente del país, que tendrá como fin conocer quiénes fueron desaparecidos en el contexto y en razón del conflicto armado en los departamentos de Valle, Cauca y Nariño.

Desde este 5 de julio la UBPD contará en la ciudad de Cali con un equipo interdisciplinar encargado del relacionamiento con víctimas, organizaciones sociales, instituciones y diversos actores, y estarán ubicados en la sede de Pastoral Social, en la Av. 5 norte # 8N – 15 (barrio Centenario). “Allí pueden acudir personas que tengan familiares o que tengan información sobre personas desaparecidas y llevar lo que consideren importante para la búsqueda: documentos, filmaciones, recortes de periódicos, papeles o fotografías. No es necesario volver a hacer los trámites que ya han hecho con otras instituciones. También pueden acudir quienes tengan información que contribuya a determinar qué pasó y cuál es el paradero de la persona desaparecida” dijo Luz Marina Monzón.



La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) es un mecanismo del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición derivado del Acuerdo de Paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC. Es un mecanismo humanitario y extrajudicial, por lo que la información que reciba o produzca la UBPD no tiene carácter vinculante o de prueba dentro de procesos judiciales o para la atribución de responsabilidades. Tiene por objetivo buscar a miles personas dadas por desaparecidas en razón del conflicto armado, y devolvérselas a sus seres queridos.

“Es importante señalar que se habla de personas dadas por desaparecidas porque nos son solo víctimas de desaparición forzada, si no también personas que fueron secuestradas o reclutadas por grupos armados y sus familias no sabe dónde están. Combatientes que la familia perdió contacto con ellos, pueden ser miembros de la Fuerza Pública o de grupos armados ilegales”.


Según datos del Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica, en la región Suroccidente se presentaron alrededor de 7828 desapariciones durante el conflicto, es decir, el 9,4% del total de registros en Colombia. Entre 1958 y 2016 en Valle del Cauca se documentaron 3977 casos de desaparición, mientras que en Cauca fueron 1522, y en Nariño 2329. En cinco zonas del Valle del Cauca se concentra el 57% de los registros de desaparición del departamento: 820 casos en Cali; 779 en Buenaventura; 329 en Tuluá; 175 en Trujillo, y 166 en Buga. 

En Cauca, seis municipios agrupan el 47% de las desapariciones registradas en ese departamento: Popayán, 194 registros; Santander de Quilichao, 137; Buenos Aires, 108; El Tambo, 106; Patía, 99, y Corinto, 91.

Entre tanto, son seis los municipios que concentran el 72% de los casos de desaparición de Nariño: 587 en Tumaco; 316 en Pasto; 247 en Barbacoas; 174 en Policarpa; 163 en El Charco, y 131 en Samaniego.
A pesar de la magnitud de estas cifras, Luz Marina Monzón asegura que el universo de personas desaparecidas aún es desconocido, debido a que cada institución cuenta con estadísticas distintas que obedecen a sus funciones o mandatos, y en muchos casos no existen denuncias oficiales.

El trabajo de la UBPD está apenas iniciando y está proyectado para realizarse por 20 años, teniendo en cuenta que son procesos complejos que implican recolección de información, visitas a territorios y entrevistas. “El trabajo de la Unidad no es el de buscar cadáveres, las comunidades necesitan saber que pasó, donde están sus desparecidos, si muertos o vivos, por qué fueron desaparecidos”, dijo Luz Marina

A pesar del poco presupuesto con el que cuenta, lo que hace que el equipo humano y técnico sea limitado, la UBPD en Suroccidente proyecta consolidar su presencia territorial. “Necesitamos comprender cómo fue la desaparición en este territorio, dónde pueden estar los desaparecidos, dónde están los familiares de los desaparecidos, cuáles son los procesos organizativos de los familiares y las comunidades, cuál es la institucionalidad que está en este territorio que puede apoyar el resultado que el Estado tiene que dar, y es darles respuesta a las víctimas sobre dónde están los desaparecidos”, concluyó Luz Marina.




Por: Coordinación de Medios Alternativos y Populares del Suroccidente

Este miércoles, 3 de julio, integrantes de la Unidad Nacional de Protección (UNP), adscritos al sindicato “Memoria Viva”, se movilizaron en diferentes ciudades del país exigiendo garantías para su ejercicio de protección a líderes y lideresas sociales, y pedir cumplimiento a lo acordado entre el Gobierno colombiano y las FARC.

“Al gobierno le pedimos que demuestre su voluntad y brinde garantías para el cumplimiento del acuerdo (de paz); que se brinden garantías para que no haya más muerte de líderes y lideresas, de excombatientes de FARC; que no le ponga trabas al cumplimiento de lo pactado”, afirmó Carlos Alberto Sánchez, funcionario de la UNP.


Y es que los miembros de la Unidad de Protección denuncian que existe una política de desfinanciación en contra de la UNP, reflejada en la ausencia de elementos básicos para proteger a las personas bajo su cuidado, tales como lo la falta de combustible para movilizarse, dinero para peajes o mantenimiento de los carros. Lo anterior los deja en riesgo no sólo a ellos, sino también a sus protegidos en los territorios. A esto se suma la inestabilidad laboral y el recorte de personal.   

“Las garantías cada vez son menos. Mire, por ejemplo, con todo lo que está pasando con el Acuerdo de Paz, no tenemos cómo movilizarnos; y si hay recorte de personal, muchos líderes se van a quedar sin esquema de seguridad, sin ese mínimo de garantías que se les puede brindar”, comentó Germán Legro Ovalle, funcionario de la UNP.



Estas acciones, denuncian  integrantes  del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) y  funcionarios de la UNP, atentan contra las garantías de seguridad y el derecho al ejercicio político que tienen los integrantes  de este partido político surgido de los acuerdos de paz.

“El Gobierno central poco a poco ha tratado de desmontar todo lo que se acordó en el Acuerdo de Paz. Las reivindicaciones de los trabajadores de la UNP se suman a la falta de garantías y desprotección para la actividad política en los territorios que tenemos como partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común”, denunció Enrique Obrero.

Este proceso de desfinanciación y falta de garantías para el trabajo de los miembros de la UNP profundiza el riesgo que corren tanto excombatientes, como líderes y lideresas sociales en los territorios, “y evidencia el poco compromiso del Gobierno colombiano en su obligación de defender la paz y la vida en Colombia” concluyó Francisco Gonzales”, miembro de FARC.



Se desconoce imagen donde no se le viera sonreír. Y no podría ser de otro modo: su vida fue la sonrisa rebelde que sobrevivió a la guerra. Pero la indolencia, el odio, la estupidez de una sociedad que rinde culto a sus verdugos, y la realidad de una paz traicionada, arrebató con sangre, con tres disparos para ser más exactos, la vida de Anderson Pérez, joven excombatiente de las FARC de 24 años de edad, asesinado el 17 de junio en el municipio de Caloto (Cauca).

Dialogamos con varias personas, distintos sentires y afectos. Y entendimos que no importa que su cédula le identifique como “Anderson Pérez Osorio”; para quienes le conocieron siempre será “David Marín”, nombre heredado de la memoria de una guerra que no acaba, y bajo el cual su vida guerrillera transcurrió hasta firmado el Acuerdo de Paz con el Gobierno colombiano.

A veces resulta extraño que la tristeza provocada por el genocidio en Colombia, el derramamiento de sangre de líderes, lideresas sociales y excombatientes, nos lleve a recordar sonrisas como las de David. Pareciera que nuestra impotencia invoca la alegría ajena como único mecanismo posible para sobrellevar, hacer soportable la tragedia y la infamia.


No obstante, las sonrisas de David son más que eso, vienen cargadas de dignidad, de lucha contra la adversidad y una sociedad incapaz de salir a las calles para apropiarse de su destino, para enfrentar y derrotar el presente de miseria y muerte impuesto por una clase dominante y mafiosa perpetuada en el poder.

Como nos recuerda Eduardo Galeano, la alegría también es para recordar que estamos con vida, que la muerte no ha logrado su cometido y que somos capaces de recuperarnos y derrotar a quienes nos asesinan. Por eso recordar las sonrisas de David quizá sea el mejor homenaje para este joven que tuvo el valor de irradiar alegría, motivar luchas y fomentar procesos organizativos, a pesar del riesgo que corría.

Y es que su vida está plagada de historias alegres. No existe persona que, en medio de la tristeza y la nostalgia, no manifieste haberle conocido con una sonrisa. Entre esas personas está Lucas Carvajal, exintegrante del equipo de paz de la FARC en La Habana.

Varios episodios recuerda Lucas junto a David. Sin embargo, hay uno que no olvida. Recuerda que mientras realizaban pedagogía de paz en el municipio de Argelia (Cauca), por su estatura, ser blanco, alto, de ojos verdes y mono (rubio), la comunidad no reconocía en David a un exguerrillero, sino que lo confundían con un extranjero.


“Como era todo grandote, la gente preguntaba de dónde era el periodista. Entonces les dijimos que era ruso. Y de ahí quedo así, ‘el ruso’. Era una persona queridísima…”, entre risas y nostalgias nos cuenta Lucas.

El calificativo de periodista no era gratuito. Al dejar las armas, David se acercó al mundo del cine y el periodismo. Veía en la comunicación no solo un instrumento para lograr un objetivo político, de transformación social. Fue mucho más que eso. Para él ese mundo se revelaba como una pasión, pues solo el apasionamiento es capaz de lograr cambios cuando las cosas no se tienen a favor.

Por eso aprovechó cuanto curso de comunicaciones se dictó en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), zonas establecidas en el Acuerdo de Paz para que la exguerrilla transitara a la vida social, política, económica y cultural del país.


El proceso de formación de David transcurrió en el ETCR de La Elvira (Cauca), donde aprendió los trucos del oficio del periodismo y la producción audiovisual, desempeñándose como corresponsal de NC Noticias y asumiendo todos los roles de la producción, donde se desenvolvió hasta como actor. Boris Guevara, exintegrante del equipo de paz de las FARC, y uno de los fundadores de NC Noticias, le conoció durante ese proceso:

“Cuando nos tocó trabajar más de tiempo completo, fue cuando estuvimos grabando una película en La Elvira. A él le tocó de actor, y le tocó el papel de soldado, de infiltrado dentro de la guerrilla. Y lo molestábamos mucho en ese papel: le decíamos que los blancos eran los malos y los negros eran los buenos. Él se reía mucho de su papel, él disfrutaba mucho de su papel, cuando uno ve la película se da cuenta”.


David alternaba su pasión por las comunicaciones con las labores del campo, el trabajo organizativo y el sueño de que los procesos de comunicaciones permitieran dar sustento a quienes en la FARC se interesaron por la producción audiovisual y periodística. Varias reuniones y propuestas fueron formuladas, pero las cosas lamentablemente no se dieron.

“A él le hubiera gustado mucho que las iniciativas de comunicaciones tuvieran un final diferente, que hubieran sido autosostenibles y que todos los muchachos y muchachas que trabajaban en comunicaciones lograran de allí tener su futuro de vida. Siempre estuvo a la espera de que se diera una directriz clara para el trabajo de comunicaciones. Él dio lo que más pudo con lo que había y con los recursos que había en ese momento”, recuerda Boris.

Todos los frentes de trabajo estaban inundados con las sonrisas de David. El Acuerdo de Paz brindaba oportunidades para acceder a espacios y sueños que la guerra impide vivir. Juventud Rebelde (JR), una organización de jóvenes integrada a las luchas sociales del país, fue uno de esos espacios que pudo vivir a plenitud en el departamento del Cauca. 


“David era un pelao (muchacho) muy convencido de nuestro proceso, demasiado comprometido. Creía en el partido (la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común), creía en la JR, creía en la asociación campesina, creía que esto se podía cambiar, creía que los medios alternativos eran una necesidad, que era una urgencia fortalecerlos, creía en la paz, creía en los acuerdos, creía que esto iba a mejorar, creía que el partido iba a superar las crisis que está pasando”, nos dice la JR en el Cauca.

Otra de las cosas que pudo vivir fue el ser padre, así fuera por tan corto tiempo. Su hija de un escaso mes de nacida será el testimonio de la posibilidad de alcanzar la paz, con la voz de su padre y el anhelo de justicia que crecerá en su memoria.

Será testimonio porque semanas antes de ser asesinado, David nos recordó que la paz es, ante todo, el triunfo de la vida sobre la muerte. “Tengo que aprovechar la paz, tengo que aprovechar para que nazca mi bebé en un país en paz”, palabras que David dejó y que hoy se vuelven pregunta: ¿Tenemos paz y justicia para la vida? De no ser así, significa que vivimos tiempos de muerte, tiempos para que la vida asuma la lucha que le corresponde.

De su vida guerrillera también hay historias. Desde muy joven ingresó al Movimiento Bolivariano hasta terminar en el Sexto Frente de la FARC. Al recordarle, sus compañeros exguerrilleros evocan la imagen de un joven que creció y se formó en medio de resguardos indígenas, llevándonos a pensar en David como si se tratase de un Tarzán criollo, con la diferencia que este mono alto, blanco y de ojos verdes, aprendió de estas comunidades no para imponerse y mostrarse como el blanco salvador, sino para tomar lo aprendido y adelantar trabajo comunitario, sin el más mínimo afán de protagonismo hollywoodense.

“Su característica más importante era su compañerismo, siempre hacia chistes, era muy responsable en su trabajo. Colombia pierde una persona con una actitud de esperanza, de sacar este país adelante”, afirma Clara Zetkin, exguerrillera del Sexto Frente.

Y no podría faltar el recuerdo alegre. Otro detalle que no olvidan, es su moto, único vehículo que tenía a mano para moverse entre comunidades.

“Tenía una moto roja, era muy vieja y muy llevada (en mal estado). La moto tenía la pata de apoyo mala, y cuando la estacionaba, prácticamente dejaba la moto acostada en el suelo. Cuando veías la moto acostada ya sabías que estaba David por ahí”, relata Santiago (“El Chileno”), exguerrillero del Sexto frente.

Con esa misma moto David siempre estaba entregado al trabajo organizativo y comunitario. No descansaba en su afán por ver una mejor sociedad y unas mejores condiciones de vida para la exguerilla que afronta dificultades de todo tipo. Otro de los frentes de trabajo donde articulaba su vida, sueños y proyectos, lo constituyó la Cooperativa Multiactiva Ecomún de Caloto (Cauca), de la cual era presidente.

“David siempre creía que la cuestión iba a ir mejor, que si nosotros producíamos lo que nos proponíamos íbamos a mejorar. Teníamos muchas expectativas con el trabajo de la cooperativa, solo nos faltaban un par de requisitos; inclusive, en la semana que lo mataron, estábamos terminando unos talleres con el SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje) y quedábamos certificados”, recuerdan en la cooperativa.

La voz de sus compañeros de la cooperativa expresa quebranto, una rabia propia de la impotencia que se guarda pero que las palabras delatan en su tonos, matices y sentires, puesto que para ellos “el país perdió un ser humano que, a pesar de los tropiezos, no se dejaba contaminar por ese odio que hoy en día es muy normal ver”.  Lo afirman con la certeza de saber que “David era un gran revolucionario que estaba convencido de que el perdón existía, y que se pueden generar reparaciones en esta sociedad”.

Por: Coordinación de Medios Alternativos y Populares del Suroccidente

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