Bocanada



Por David Escobar



Se llamaba James Solarte y su caso es uno de los muchos que podrían ocurrir en el contexto de esta crisis sanitaria y social por la que atraviesa la ciudad de Cali. A sus 63 años era habitante de calle. Este relato no da cuenta de necesidades insatisfechas, sino de derechos vulnerados.

 

A las 3:02 de la tarde del día 04 de agosto del 2020, los bomberos recibieron una llamada de auxilio que reportaron así: “hombre adulto mayor, en condición de habitante de calle, descompensado sobre vía pública, sale la ambulancia AM2 (...) donde nos encontramos con dificultad respiratoria”. Según refieren los bomberos, su dificultad respiratoria no le permitía hablar, tuvieron que ponerle una máscara de oxígeno, sin poder establecer si tenía familiares, con quien vivía o si era beneficiario de algún programa social del Estado.

 

Lo encontraron tirado en la calle, al lado del centro comercial Carulla de la calle 4B con carrera 34, en el barrio San Fernando, a menos de medio kilómetro del Hospital Universitario del Valle (HUV).  Los bomberos fueron direccionados por el Sistema Integrado de Comunicaciones (SICO) de la Alcaldía de Cali a dicho hospital, al cual llegó somnoliento. En el triage les dijeron que no había cupo, ni aislamiento, ni Unidad de Cuidados Intensivos disponible para un paciente con coronavirus. También les dijeron que estaba estable y orientado, a pesar de que su presión arterial media era aproximadamente 55, es decir que estaba “inestable hemodinámicamente” y su frecuencia respiratoria estaba también por fuera de los rangos de normalidad. Su cuerpo empezó a presentar sacudidas involuntarias -movimientos mioclónicos- y a ponerse rígido o “tónico”, siguiendo el léxico usado por el personal de salud.

 

James había sido valorado en el triage por una enfermera y no por un médico, y a la ambulancia se le estaba acabando el oxígeno que lo mantenía aún en este mundo. Los bomberos estuvieron una hora y media afuera del HUV, sosteniendo su respiración, hasta que el paciente fue valorado por un médico, quien les informó que requería una UCI. Otra ambulancia de apoyo le trasladó oxígeno a la ambulancia de bomberos.

 

Alrededor de las 6:00 pm los Bomberos se comunicaron con el Centro Regulador de Urgencias y Emergencias (CRUE), donde reciben la instrucción de remitir a James al Hospital San Juan de Dios (ubicado a 4 km de distancia) para garantizarle oxigenación y estabilizarlo, mientras esperaban 2 camas de UCI para COVID-19 que estarían disponibles en el Hospital  Mario Correa después de las 7pm.

 

El personal de salud del San Juan de Dios había llevado a cabo un plantón tan sólo 5 días antes, acompañados por los sindicalistas de Sintrahospiclínicas, del Sindicato de Trabajadores del Hospital San Juan de Dios de Cali y de la Asociación Nacional Sindical de Trabajadores y Servidores Públicos de la Salud y Seguridad Social (ANTHOC). La razón del plantón, según conoció este periodista, es que los trabajadores de este Hospital llevan 7 meses sin recibir su remuneración salarial, y por ende la seguridad social integral (pago a EPS, pago a pensión, etc), así como el no pago de cesantías ni la entrega de elementos de protección personal para manejo de pacientes con el nuevo coronavirus. Ante estas circunstancias, los médicos especialistas (ginecólogos, anestesiólogos, entre otros) habían entrado en cese de actividades 10 días atrás (ver comunicado al final).


El San Juan de Dios, como se afirma en su página, “es un una entidad privada, sin ánimo de lucro, que se asemeja en todo su funcionamiento a una entidad pública”, es decir que recibe recursos públicos. La Secretaría de Salud Departamental, dirigida por la señora Maria Cristina Lesmes Duque, hace parte de la Junta Directiva de ese Hospital. Igualmente participa la Secretaría de Salud Municipal, en cabeza de Miyerlandi Torres Agredo. La planta de dicho centro de salud está conformada por alrededor de 800 trabajadores, que no reciben su salario, a excepción del gerente Ivan Gonzales Quintero (nombrado por Angelino Garzón desde hace 2 décadas), y los 23 integrantes de su grupo administrativo, que tienen su salario y prestaciones sociales al día.

 

Tanto ese día, como los anteriores, no había camas de UCI disponibles en el San Juan de Dios, ni tampoco en el resto de la ciudad, de acuerdo a documentos oficiales que este periodista pudo conocer (ver imagen 1). Sin embargo, según las cifras publicadas por la Secretaria de Salud Municipal de Cali, la ocupación de camas exclusivas para COVID-19 ese día en Cali era de 79.4% (ver imagen 2). ¿El 20% de UCI’s que estaban desocupadas no era suficiente para recibir a este hombre en una situación tan vulnerable?.

 

“¡Uy murió!”. Con esas frías palabras Radio Reloj transmitió en vivo el momento definitivo en que los párpados de James se cerraron despacio, con su último sorbo de aire. Murió sin poder ingresar a una Unidad de Cuidados Intensivos de ningún Hospital, según informó a dicho medio el Cabo Marco Gómez, de la central de telemática del Cuerpo de Bomberos de Cali.

 

 

Imagen 1. Fuente: reservada.

 


Imagen 2. Fuente: Twitter de la  Miyerlandi Torres, Secretaría de Salud Municipal.

 

 


Imagen 3: Comunicado del Sindicato de Trabajadores del Hospital San Juan de Dios de Cali

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